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sábado, 3 de diciembre de 2011

Al chavismo lo ahoga la información (trompetas para el juicio final) Alberto Rodríguez Barrera

ND

3 Diciembre, 2011

"La negligencia en este tema, que es tan común en los Estados
existentes, es una causa de pobreza que nunca falla entre los
ciudadanos; y la pobreza es la madre de la revolución y el crimen."
Artistóteles

Como hemos podido constatar, la educación del chavismo tiende a
justificar los crímenes contra la humanidad en nombre del sagrado
egoísmo de la "patria", pero las reacciones contra la normalización de
lo atroz son rarísimas, y siempre han sido marginales, nunca han
ejercido influencia sobre la dirección política o la opresión global.
Los medios voltean la torta, provocan la toma de consciencia,
seriamente, y lo hacen con valor. Porque la cotorra sobre la
"soberanía intocable" no excusa los delitos, vengan de donde vinieren.

opinan los foristas

Las acusatorias del chavismo para arrinconar la información son
generalmente puras y simples pamplinas. La eficacia de la información
está también en retratar lo penoso, lo acusatorio y lo humillante, a
pesar de las crisis que provoca y el odio que despierta en los
"revolucionarios", pero es a la vez apoyada por la consciencia
colectiva contra quienes combaten esa libertad. La verdad de la
información ya nada tiene de platónica y es realmente un ímpetu
revolucionario irreversible. Aunque a veces se desconfíe, se sabe y
siente que sin la información las llagas de Venezuela se
transformarían en cataclismos; y su instinto de conservación puede más
que su instinto conservador. Los intentos del chavismo por 'limitar"
los "abusos" hacen caso omiso de que la información, por esencia, es
imprevisible, y por lo tanto ilimitable; sólo una más amplia
información puede corregir los abusos de los informantes. Si nadie
sabe qué es exactamente "objetividad", que la hipocresía filosofe
sobre ella, porque el que sabe qué es, sabe qué es su contrafigura, y
eso basta.

El espectáculo de la insurrección incita a la insurrección, pero el
chavismo quiere un espectáculo sin contestación, en silencio. Como
enemigos de la información sospechan de la exposición de las crisis y
las miserias, porque la información es la crisis, para ellos; les
aterroriza lo que quema y calcina, como si lo que "daña" y "desagrada"
no existiera; y pretenden eliminar el hecho de que las "malas"
noticias superan en "interés" a las "buenas", porque la información
asume, congénitamente, una función perturbadora; y no queda otra
opción entre esta perturbación permanente y la censura.

Es una realidad que la buena información está formada por malas
noticias; la verdad no se decreta. Sólo la información sin freno, que
adquirió eficacia política con la era de los medios masivos, es el
elemento apto para catalizar la síntesis de "revolución social" y las
libertades democráticas. Lo que sea que se quiera decir o contradecir
es posible y superior por la libertad que se permita. Desde el
principio de los medios masivos, los sociólogos se esforzaron por
comprender a los medios electrónicos y vieron el motor de una
revolución, destinado a modelar un nuevo tipo de hombre, de
perspectivas educativas, de relaciones sociales, de psiquismo. Las
multitudes solitarias ya no estarían tan solitarias adivinándole los
secretos o los follones a Stalin. Es la ineptitud corrosiva la que
invita a exclamar "¡Fuego!".

Es imposible hablar de la civilización de la prensa cuando se cuenta
con sólo un periódico como "Granma" (Cuba). No hay duda de que lo que
hay, especialmente en la televisión, podría ser mejor, más
"educativa', por ejemplo; pero para eso estamos, como no estaríamos
donde sólo hay un pozo sin agua. Cuando el chavismo chilla –cual
virgen descubierta desnuda- con chirridos de indignación ante los
pocos medios que no están en sumisión, aplaude y promueve la
purulencia de la marabunta de medios oficialistas que se deshacen en
injustas e insultantes cóleras de violencia, espantos y excomuniones
desproporcionadas que dejan a Hitler y Goebbles como niños de pecho, o
principiantes de la vulgaridad frenética, eternizando las trompetas de
múltiples Juicios Finales.

Hay que estar desprovisto del sexto sentido que es el humor para tomar
en serio el disfraz mediático del chavismo, semejante al pedazo de
carne que lleva el ladrón para distraer al perro guardián del
espíritu. La evaluación de algún "filósofo" que fundamente
razonamientos con la exactitud de criterios históricos o científicos
es juzgada con el mayor de los desprecios, como si proviniera de un
positivismo ridículo. Aquí el chavismo ha creado también el monopolio
de las estupideces.

La revolución por la información es a la vez una revolución política y
una revolución intelectual. Cuestiona el poder y, a la vez, la
cultura. Apunta a la distinción entre dirigentes y dirigidos, entre
intelligentzia y masa. No podemos pretendernos revolucionarios si
reclamamos la abolición de la primera y el contenimiento de la
segunda. Pero, sobretodo, los medios han revelado ser no sólo un medio
de difusión sino un medio de acción sobre el acontecimiento ya no a
través de la propaganda sino de la información misma; así quedó
demostrado en Francia en mayo de 1968: durante semanas los medios de
información formaron parte del propio "mayo francés" y lo modificaban.
En norteamérica los medios son reuniones de la "comunidad" para
conocerse íntimamente. Aquí no pueden llegar a ser la vergüenza que el
chavismo ha creado en su aparataje desquiciado.

La línea política coherente para los medios de comunicación –dentro de
la insólita presión del chavismo- es estar mejor "informados" y "en
reflexión constante" con buen material –concepción clásica de la
información-, convirtiendo al espectador en actor, haciendo de él algo
más que el producto de su experiencia personal, incorporándolo al
hecho. A esta función activa le teme el chavismo; prefieren la
monopolización, la verdad única, la sumisión. Así los comunicadores no
sirven para nada y, al igual que con las campanas, lo mejor es que
suenen las trompetas que el chavismo quiere en silencio.

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