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sábado, 17 de diciembre de 2011

Campaña presidencial bajo la sombra del fraude Cortesía @Manuela_Alcalá

16 Dec 2011 02:48 PM

EL TABÚ: Los pre-candidatos de la oposición están entrando en la
recta final de la pre-campaña. Ahora abundan las ofertas, las promesas
y los más detallados y generosos programas sociales, todos orientados
a atraer a un público cada día más desganado. No sólo está harto de
Chávez y de su cínica politiquería, sino harto también de la cada vez
más irreal y populista campaña de la oposición. Si uno desconociera la
cruda realidad del país, pareciera que esta campaña electoral
transcurre en un país digamos excesivamente normal. Pero no es el
caso. Vivimos en dictadura. Una dictadura a la vez brutal y represiva
para quienes se atreven a oponerse de frente a ella, o que se
encuentran en el lugar equivocado en el momento equivocado (como bien
ilustra el caso del Comisario Henry Vivas, preso político desde hace
siete años, desfalleciendo poco a poco en un calabozo del SEBIN), y a
la vez muy sofisticada, casi invisible, en el sentido que la creciente
represión no está percibida como tal por todos.

Los partidos de la MUD y los medios de comunicación llamados
independientes (y ninguno de ellos, ni los partidos ni los medios,
puede calificarse hoy de independiente frente al poder omnímodo del
aparato gubernamental) promueven una ficción que consiste en hacerle
creer a la ciudadanía que la oposición es mayoría, que iremos todos a
votar el 7 de octubre, que de ahí, con suficientes votos, el candidato
de la oposición podrá derrocar el candidato de gobierno, y que el
camino hacia una transición democrática y pacífica está allanado.

Esta versión, sin embargo, tiene algo de verdad. Quienes se oponen a
la dictadura de Chávez son mayoría, y son mayoría desde hace muchos
años, por lo menos desde el 2004, cuando Chávez fue efectivamente
derrotado en las urnas, según se deprende de un estudio científico
avalado en 2006 por los rectores de la más prestigiosa publicación
académica a nivel mundial en materia de estadística, la International
Statistical Review (http://bit.ly/gFZela).

Pero ser mayoría no garantiza en absoluto que ésta se traduzca en
votos que serán tabulados por el CNE, como tristemente aprendimos hace
siete años. Ya en ese entonces más de la mitad de los venezolanos
estaba convencida de que el gobierno había cometido fraude para
mantenerse en el poder
(http://zogby.com/news/2004/12/14/venezuelans-see-their-country-as-unstable-and-risky-for-foreign-investors/),
pero el omnímodo poder de la máquina propagandística del gobierno,
aunado a una postura complaciente (algunos dirán colaboracionista) de
prominentes voceros y dirigentes de la oposición, logró descalificar a
los pocos políticos y voces de la oposición que se atrevieron a
cuestionar los resultados oficiales. Así, el gobierno logró sofocar la
protesta ciudadanía que estaba a punto de tomar la calle.

Siete años después, la situación ha empeorado. Aunque las conclusiones
de reconocidos académicos con prestigio internacional que han
estudiado a fondo los resultados electorales del 2004 coinciden en
calificar de fraudulentos los resultados oficiales de ese año (ver
http://www.imstat.org/sts/future_papers.html), ningún medio de
comunicación resalta sus informes, y con la excepción de un par de
pre-candidatos (que no gozan precisamente de la aprobación de los
caciques de la MUD) que se atreven a denunciar el fraude que se nos
avecina, el estamento político opositor está mudo.

Los principales partidos de la oposición constituyen hoy un cartel
hegemónico. Sus portavoces y los candidatos, con pocas excepciones,
emiten a diario insípidas e inocuas declaraciones de principios y
tibias críticas al gobierno, cuyo propósito fundamental parece ser
pasar agachados y no ofender al gobierno que los oprime (¿o los
mantiene?), en lugar de ganar elecciones. Al escuchar el discurso de
los más prominentes candidatos, los que copan la atención de los
medios, uno tiene que hacer esfuerzos para recordar que ellos
representan supuestamente una vigorosa oposición a esta dictadura
populista, y no un chavismo sin Chávez.

Dentro de este contexto alarmante llama poderosamente la atención la
falta total de interés que tienen los dirigentes de la MUD en alertar
sobre el fraude, exigir condiciones electorales medianamente
transparentes, y preparar a la ciudadanía para impugnar los resultados
del 7 de octubre, que darán sin lugar a dudas la victoria al candidato
del gobierno, sea quien sea.

La razón que con más frecuencia se baraja para justificar este
silencio cómplice es que si le habláramos sinceramente al país de la
realidad del fraude, los ciudadanos se abstendrían de votar, creyendo
que el partido está perdido de antemano. Las implicaciones de esta
postura, adoptada unánimemente por la MUD y los medios de comunicación
todavía considerados independientes – es decir, por todas las voces
que nos hablan desde una perspectiva supuestamente oposicionista – son
sencillamente espantosas.

Primero, implica que los votantes no saben que el gobierno ha
recurrido al fraude, y no creen que el gobierno seguirá cometiendo
fraude a fin de mantenerse en el poder. Ya la encuesta Zogby, citada
arriba, desmonta esta falacia. Hace cuatro meses, El Nacional preguntó
a sus lectores en una encuesta en línea: "¿Piensa que hay
posibilidades de fraude en las próximas elecciones presidenciales en
Venezuela?" El 27% opinó que era imposible, el 6% respondió que era
poco probable, el 18% opinó que era posible, y el 50% dijo que estaba
seguro que el gobierno cometerá fraude en 2012.

Es curioso, e inquietante, notar que ninguna empresa encuestadora
local se ha interesado en indagar sobre el tema. Pregunté por qué a un
connotado encuestador y lo único que pudo decirme era que ningún
cliente había pedido que investigara sobre el tema. ¿Será que nadie
quiere saber? ¿Simple falta de curiosidad, o complicidad pasiva con el
régimen? Lo que sí se puede afirmar es que el pueblo venezolano es
mucho más despierto y consciente de lo que pasa en el país de lo que
creen las élites. Estas parecen haber olvidado la regla de oro del
famoso asesor político, Joseph Napolitan, cuando afirmó que el más
gran error que puede cometer un político es creer que el público es
bruto.

Así que, según los señores de la MUD y buena parte de los medios de
comunicación, las élites políticas que quieren protegernos de la cruda
realidad del país, hablar claro al pueblo sobre la realidad del fraude
y de cómo combatirlo equivale a incrementar la abstención. Según esta
lógica, en la que la verdad es tabú, las autoridades civiles y
empresarios turísticos de un balneario deberían callar si saben que
hay tiburones en las aguas costeras… ¡porque hablar del peligro
espantaría a los bañistas!

Muchos observadores han concluido que esta lógica es absurda y hasta
contraproducente. Y la existencia de los votantes independientes, los
mal llamados Ni-Ni, es prueba de ello. Antes del 2004 la categoría de
Ni-Ni no existía. Fue creciendo después de referéndum revocatorio, y
alcanzó entre 30% y 50% de la población votante a partir del 2005,
cuando una revuelta popular en contra del intento del régimen de
utilizar máquinas capta-huellas en las elecciones parlamentarias
ocasionó espontáneamente un movimiento abstencionista cuyo propósito
era doble: mandar un mensaje a los partidos de oposición, que con la
mayor complacencia habían aceptado la imposición de estas máquinas, y
quitarle legitimidad al gobierno y a la votación.

La respuesta de los partidos y de ciertos autoproclamados voceros de
la oposición no se hizo esperar. Culparon a "la derecha radical" de
haber entregado en bandeja de plata la Asamblea Nacional al chavismo y
ridiculizaron lo que era en realidad una auténtica y espontánea
manifestación de desobediencia civil. La brutal arremetida
político-mediática contra esta espontánea iniciativa ciudadana tuvo
como propósito recordar a la sociedad civil que los partidos políticos
y sus aliados en los medios de comunicación no tolerarían que la
sociedad civil decidiera su propio destino, y que la política es, y
siempre será, provincia exclusiva de los políticos de oficio.

Pero también tuvo un efecto inesperado: despertó la sospecha en muchos
de que cierto sector de la oposición estaba haciéndole el juego al
chavismo, ya que lo que más anhela Hugo Chávez es una legitimidad
político-electoral bien blindada.

Así nace el Ni-Ni. Es férreamente anti-chavista y votaría por un
auténtico candidato independiente que no estuviera contaminado por los
partidos políticos tradicionales (y a estas alturas, PJ es tan
tradicional como Copei, y UNT tan tradicional como AD), ya que sabe
que no puede estar seguro que estos partidos representarán sus
legítimos intereses.

En fin, a diez meses de las elecciones presidenciales, la MUD y sus
partidos no parecen estar dispuestos a exigir del CNE las más básicas
condiciones electorales que, de cumplirse las más elementales,
ayudarían a devolverle cierta confianza a la gran mayoría de los
votantes en cuanto a que su voto sea respetado.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

1. Directiva Imparcial

¿Por qué no se cumple lo establecido en la Constitución y tenemos
directivos del CNE que han sido miembros del partido de gobierno, o
altos funcionarios del gobierno?

2. Reapertura de la Fiscalía de Cedulación

¿Por qué no existe un mecanismo de fiscalización controlado por la
oposición, para la revisión continua de los electores inscritos en el
REP, tal como existió hasta 2002, y tal como lo exigió el Centro
Carter?

3. Auditoría independiente del REP

¿Por qué no se ha hecho una auditoría externa del REP, verificando los
inscritos en el REP contra sus partidas de nacimiento o actas de
nacionalización, y por qué cuando CAPEL hizo su auditoría el CNE no
pudo entregar las 12.820 partidas de nacimiento o actas de
nacionalización solicitadas reiteradamente por CAPEL?

4. Eliminar capta-huellas

¿Cómo explicar a los electores de manera convincente que la
capta-huellas conectada a la máquina de votación, no tiene la
capacidad de identificar al elector? ¿No es acaso esa su función?
5. Invitar Observadores Internacionales

Si el proceso electoral Venezolano se considera entre los más
avanzados del mundo ¿por qué el CNE no permite Misiones de
Observación por parte de los organismos internacionalmente reconocidos
en la materia, tales como la OEA y la UE?

Y si es electoral un sistema automatizado que amerita complejas y
variadas revisiones ¿por qué no se permite su verificación anticipada
por parte de Misiones de Observación?

6. Selección pública y transparente de miembros de mesa,
coordinadores de centro y operadores de máquina

¿Por qué motivo no se hace una selección pública y transparente de
este personal clave del proceso comicial?

7. Auditorias de las mesas vs. actas impresas y mesas cerradas

¿Por qué no se escanean y publican las actas de escrutinio y las actas
de todas las auditorías?

8. Suspender, so pena de inhabilitación, el ventajismo
comunicacional del candidato oficial

¿Por qué ha sido y sigue siendo incapaz el CNE de cumplir su deber
constitucional en esta materia? ¿Cómo sabemos entonces que cumplirá en
las otras?

9. Sacar a la milicia del proceso

¿Por qué el CNE permite la presencia de la Milicia en el proceso de
votación, si se trata de civiles uniformados y armados de la misma
ideología que el gobierno y que no forman parte de las Fuerzas
Armadas reconocidas por la Constitución?

Hasta que la MUD , los partidos políticos y sus candidatos no cumplan
con defender los intereses de la sociedad civil – los cuales no son
necesariamente los intereses de los partidos, que cada día negocian
sus votos a espaldas del público – nadie debería sorprenderse de que
exista una creciente desconfianza hacia el estamento político.

Si miraran la realidad de frente, sin tapujos, y defendieran la
transparencia del voto, los partidos y sus candidatos, lejos de
aumentar la abstención, empezarían a reivindicarse y recuperar su
credibilidad frente a un país cada día más cínico y desesperado.

Para los escépticos que opinan, con razón, que el CNE nunca adoptará
este conjunto de medidas (ya que esto produciría sin duda la derrota
electoral de Chávez), y que la MUD sólo haría el ridículo pidiendo y
pidiendo algo que nunca se cumplirá, la respuesta es muy sencilla. Al
adoptar una postura firmemente unida frente al CNE, la MUD demostraría
que toma en serio la amenaza del fraude. Y al rechazar las exigencias
de la MUD, el gobierno se quitaría la careta de una vez por todas y el
CNE quedaría identificado como lo que es de verdad: un ministerio más
de la dictadura, cuyo objetivo es garantizarle a Chávez todas las
victorias electorales que él quiera.

Quienes quieren de verdad ver un profundo cambio democrático en
Venezuela y nunca estarán satisfechos con sólo ver un cambio de
gobierno – con los mismos poderes detrás del trono - deben exigir a
la MUD que hable claro al país: que reconozca que la realidad
electoral actual no es más que una vulgar pantomima y que el fraude es
una realidad que nos acecha desde el 2004.

Deben exigir a la MUD, en consecuencia, que se ponga los pantalones y
conforme un frente unido para exigir al CNE que deje de jugar con
dados cargados. Son seis candidatos que pueden levantar juntos una
fuerte voz de protesta. Dos ya están claros, y se atreven a hablar del
tema. ¿Y los demás?

Señoras y Señores, las cartas están sobre la mesa: les toca a ustedes
pronunciarse.

E.E.

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