3 Diciembre, 2011
Con motivo de la cumbre de la Celac, el régimen bolivarista reitera
que Venezuela se está convirtiendo en una potencia económica. Así con
todas sus letras, sin darle mucha relevancia a la monumental evidencia
que indica lo contrario.
opinan los foristas
Cual ornamento al ambiente de la reunión de la Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (Celac), varios voceros oficiales han
reciclado esa vieja promesa del señor Chávez, comenzando por él mismo,
no faltaba más.
La promesa hubiera podido encarnarse en la realidad –así fuera muy
modestamente– porque la bonanza petrolera internacional más prolongada
de la historia lo habría permitido. Pero no. Venezuela no sólo no se
convirtió en una potencia económica sino que va por el camino opuesto.
¿Potencia petrolera? Ciertamente la naturaleza nos ha concedido el
privilegio de contar con inmensas reservas de hidrocarburos, pero la
principal empresa del país, la otrora corporación de clase mundial,
Pdvsa, se encuentra endeudada hasta el tope, desvencijada
operativamente, vandalizada por la corrupción, y prácticamente en
manos de la caridad con uña que practican los chinos.
¿Potencia petroquímica? La revolución bolivarista se encargó de que
dejáramos de serlo. Las refinerías explotan una semana sí y otra
también. Se canibalizan sus instalaciones. Disminuye la producción. Y
mientras se anuncia la construcción de refinerías en el exterior, las
nacionales se deterioran en medio de la abulia y el dolo.
¿Potencia industrial? Habrá que echarle un vistazo a Ciudad Guayana y
las empresas básicas. El caso del ocaso de Sidor bastaría para saldar
el tema. Pero también están los cementerios industriales del centro
del país, y las cifras que indican el cierre de buena parte del parque
industrial venezolano.
¿Potencia agro-pecuaria? Sí, como no… Produciendo menos e importando
hasta lo que se exportaba, ningún país puede potenciarse. En el Sur
del Lago, o en los llanos de Barinas y Portuguesa, o en las valles
aragüeños se puede preguntar por lo de la "potencia agro-pecuaria". La
respuesta no será amistosa.
¿Potencia comercial? Bueno, si el aumento sustancial de las
importaciones ante el descalabro productivo nacional y también por
obra del subsidio cambiario, fuera una expresión de poderío económico,
entonces deberíamos estar a la cabeza del G-20… Pero no parece que el
"modelo Maicao" sea el más apropiado para el desarrollo.
En tecnología, infraestructura, turismo, vivienda, finanzas,
inversiones extranjeras, ¿vamos rumbo a volvernos una potencia o una
desgracia? No hace falta mucha sapiencia para darse cuenta de la
realidad…
Quizá donde si nos estamos transmutando en una potencia económica, y
no sólo a nivel regional, es en el ámbito de la delincuencia
organizada y en particular en el narcotráfico. En ese dominio se han
producido avances portentosos.
Como también en el aumento astronómico de la deuda externa, o del
tamaño e ineptitud de la burocracia estatal, o en el re-centralismo
que agobia la capacidad de desarrollo regional, o en el imperio de
ideologías fosilizadas que corroen el emprendimiento personal y
colectivo.
Y claro, los Castro y los Ortega succionan a Venezuela como si en
verdad fuera una potencia económica. De pronto son ellos los que han
convencido al señor Chávez de que va encaminado por esa ruta, y la
cumbre de la Celac seguro que también servirá ese objetivo.
Contradicción máxima, si las hay, que la Celac se constituya teniendo
como anfitrión a un Estado que promueve menos y no más democracia
política, menos y no más economía productiva, menos y no más libertad
y superación social, menos y no más integración efectiva. Pero así son
las cosas de la política y la diplomacia regional, tan teñidas por los
intereses y necesidades.
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