Interesante las caras de asombro y hasta susto de los mandatarios
reunidos en la primera cumbre de la Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cuando comenzaron a oírse los
fuegos artificiales orquestados por el régimen chavista a fin opacar
el sonido de protesta de millones de cacerolas a manos de los
caraqueños.
El mismo presidente cubano Raúl Castro tuvo que detener su
grandilocuente discurso para preguntarle a su socio venezolano ¿Oye
tú, qué pasa viejo?, y una vez que el residente de Miraflores e
hinchado anfitrión de la CELAC, le aseguró que no eran los marines en
desembarco sorpresa sobre Venezuela; al antillano le regresó su típica
sonrisa burlona de cabaret.
"Entonces sigo hablando" dijo el hermano menor de los Castro, a manera
aclaratoria de que no tenía que salir corriendo para resguardarse de
los soldados gringos o de un venezolano armado cansado de 13 años de
régimen chavista. "Entonces siglo hablando" ya que no terminaré como
el panameño Manuel Noriega de cárcel en cárcel alrededor del mundo.
Pero la que más sincera en expresar su miedo fue la presidenta
argentina, con ínfulas de "Hollywood Superstar", Cristina Fernández
viuda de Kierchner a quien no le "gustó nada los fuegos artificiales"
y así se lo dejó saber a sus otros 33 colegas de la Celac.
Fernández reclamó en plena conferencia la estridencia de los cohetes a
su amigo del alma, con quien no tiene ningún reparo de amapucharse,
besarse y abrazarse, en una grotesca versión de Jennifer López con su
nuevo amor el bailarín Casper Smart. (Al igual que Marc Anthony, el
difunto Ernesto quedó relegado a los retratos).
Amores de altura
Pero ¿por qué tanto miedo? ¿por qué tanto susto ante unas simples
detonaciones? Primero la sorpresa del ruido no anunciado de antemano
por Chávez y justificado por él como "homenaje a la Celac" y segundo;
posiblemente más importante para los entendidos en política
continental, es que estos dos socios de Chávez saben que las cosas no
le van muy bien al mandatario venezolano.
Los cubanos poseen información de inteligencia privilegiada a través
de sus "acuñaciones" de agentes del G2 en los principales organismos
estatales venezolanos. Conocen de los altos grados de corrupción
dentro de las filas del chavismo (del cual ellos también participan),
saben que los que se llaman aliados de Chávez son tan sólo cómplices
de los múltiples crímenes que comete a diario el régimen y a la
primera de cambio son capaces de delatarlos para salvar el pellejo;
saben que por más que a Venezuela le entren millones de millones de
dólares por la renta petrolera existe un punto de inflexión con
capacidad de colapsar el castillo de naipes que ha levantado Chávez;
saben bien que ante una corte internacional tanto ellos como Chávez
tienen mínimas, o casi nulas, probabilidades de salir absueltos.
Pero lo más importante de todo: saben que la popularidad de Chávez va
en picada y el resentimiento va en ascenso como un cohete. Por más que
silenciaran las millones de cacerolas que sonaron el viernes por la
noche, todos los mandatarios saben muy bien lo que sucede en
Venezuela. Es más se sentirán insultados al creerse Chávez que los
puede engañar como niños reunidos en un salón de Kindergarden. Esto ya
no es una emisora de televisión que manda a cerrar, un periódico que
expropia o un periodista asesinado tipo ejecución con un tiro de bala
en la nuca, esta es la voz viva de un pueblo que grita ¡¡BASTA!!
Irónicamente Chávez eligió cohetes para silenciar el ruido de la
cacerolas, pero el cohete le salió por el…digo…la…culata.
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