Leemos la noticia:
El máximo líder norcoreano, Kim Jong-Il, falleció el sábado de un
ataque cardíaco y su hijo Kim Jong-Un fue designado para sucederle,
anunciaron el lunes los medios oficiales de este hermético y
paupérrimo país que posee el arma nuclear. Kim Jong-Il, de 69 años (o
70, según otras fuentes), falleció el sábado 17 de diciembre a las
08H30 (23H30 GMT del viernes), anunció entre sollozos (de júbilo?) una
presentadora del canal de la televisión estatal.
La verdad es que en Corea del Norte la muerte de un déspota no
significa nada, pués de inmediato es reemplazado por otro. Allá
funciona una monarquía despótica. En otros países como Libia y Siria,
donde también existían o existen aún monarquías impuestas por la
fuerza, se han requerido actos de violencia para terminarlas o
ponerlas en jaque.
En América Latina hay algunos pálidos imitadores de estas monarquías
despóticas. Hugo Chávez encabeza la lista de quienes aspiran a
mantenerse en el poder indefinidamente. Lo siguen Rafaél Correa de
Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Daniél Ortega en Nicaragua. Ninguno
de ellos, sin embargo, ha tenido tiempo de definir una clara sucesión
en caso de muerte. Correa está muy jóven todavía. Morales no baila
pegado. Ortega pretende ser reemplazado por su mujer cuando le llegue
la hora. La mujer, la madre de la joven que el violaba, es una cuaima
peor que el.
El más complicado es Chávez. Sufre de un cáncer que, según múltiples
informes, es muy agresivo y le amenaza con la muerte a corto plazo. Y
la verdad es que el déspota se ve mál y progresivamente inefectivo,
confrontado con el enorme esfuerzo que requerirá una campaña
presidencia de casi un año. No tiene vástagos ni remotamente
preparados para tratar de llenar su vacío. Su hermano Adán es como un
lienzo de Reverón, evanescente. Su delfín Maduro pasó de un solo
envión a podrido. Enfermo, acosado por la codicia de sus
"colaboradores", enfrentado a una tarea doble de presidente de un país
en caos y de candidato semi-abandonado por sus aliados, Chávez parece
estar jaque mate o, al menos, en jaque perpetuo. La gran potencia que
el quiso eliminar de la faz de la Tierra, los Estados Unidos, se
limita a observar su progresiva disolución, en silencio impasible,
como quien ve morir un viajero perdido en el desierto.
Las monarquías despóticas han tenido un pésimo año: Mubarak, Gadaffi,
Kim Jong-Il, Assad, Chávez, han sido o están siendo empujados fuera
del escenario. Ya son o casi son objetos para la historia. El déspota
ha muerto. Viva la democracia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada