La violación sistemática de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela llama poderosamente la atención.
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Al parecer, el mandatario venezolano, de alguna manera -no se sabe si
de manera deliberada o de forma inconsciente asumiendo la derrota-
abrió la posibilidad de la victoria del sector opositor, al asegurar
en el marco del décimo aniversario de la Ley de Tierras que de
llegarse a consolidar dicho escenario, "Venezuela caería en un
torbellino huracanado de desastre político, social, militar,
económico, petrolero (…)"
Además preguntó a sus seguidores en el recinto: "¿Ustedes creen que
los militares venezolanos van a quedarse callados y brazos cruzados
ante la intención de traer a los de Plaza Altamira a dirigir a la
Fuerza Armada Bolivariana? entre otras interrogantes que sugieren, una
vez más, un discurso divisionista entre los actores de la vida
nacional, además de sonar, como de costumbre, con tono amenazante,
olvidando de nuevo que él no es más que un empleado público; por
consiguiente removible de su cargo en el momento que su patrón (el
pueblo) decida hacerlo.
Cabe destacar que, al parecer, al Presidente se le olvida que el
pueblo venezolano tiene ya 13 años "calándose" -para utilizar su mismo
léxico y modismos- a los mandos cubanos en la gran mayoría de los
organismos e instancias del Estado. Para nadie es secreto que todos
los sectores críticos y claves del gobierno están regidos por los
actuantes caribeños. ¿Qué puede ser más álgido para un país que la
seguridad de su Presidente, y ésta, en Venezuela, está a cargo de
personal cubano? De igual forma, ¿Qué puede ser más dramático que el
control militar de una Nación? ¿No es eso entrega, acaso? ¿Quiénes son
los apátridas? ¿Quiénes son los que están traicionando a la Patria?
Ahora bien, tomando parte de este discurso, y ya que el Presidente le
pregunta a la oposición algunas cosas respecto a los militares y otros
factores, debe dársele la oportunidad a esa oposición de hacer algunas
preguntas también: ¿Qué sienten los militares venezolanos al tener que
saludar y bajarle la cabeza a un militar extranjero? ¿Dónde quedó el
honor de ese uniforme que visten, recordando aquella frase que decía:
"Si me tocan el uniforme tendrán que matarme", denotando el gran
respeto que por él debían sentir? ¿Qué sienten, señores militares,
cuando les mandan a ponerse en cuclillas para escuchar lo que dice el
Presidente? En conclusión, y al ser imposible respuestas que no pueden
dar, no queda de otra que pensar que sencillamente NO TIENEN HONOR.
Las Fuerzas Armadas de Venezuela se crearon para defender al pueblo,
NO PARA ARREMETER contra éste. Se debe y obedece a su pueblo. NO a una
ideología ni a un partido político.
Y si se habla de la alimentación, ¿Dónde queda la seguridad
alimentaria, cuando se supo a vox populi -según trabajo periodístico
publicado en el canal Globovision- que una ministra cubana era quien
aprobaba las órdenes de compra de PDVAL, alimentos que por cierto
siguen pudriéndose en los puertos del negocio boliburgués, instancias
que además también son manejadas por los insulares?
En salud, ¿Qué sucede con ese sector, o es que también se le olvida
que los centros hospitalarios no operan sin la venia de los mismos
actores foráneos, a sabiendas que el éxodo de profesionales de la
medicina venezolanos es alarmante, en virtud de la imposición de esos
extranjeros en las políticas de salud del sistema nacional? ¿Por qué
el empeño en desplazar a los profesionales galenos del escenario
natural que es su país? ¿Qué interés encierra tanta saña?
Si las políticas de Estado emanadas del Ejecutivo son tan eficientes,
¿Por qué los personeros del gobierno siguen tratándose dolencias en
centros clínicos privados dentro y fuera del país?
Es de suponer que si Venezuela tiene una infraestructura de salud
sólida, eficiente y excelentemente bien dotada, no hay razones para
buscar tratamientos o curas más allá de las fronteras venezolanas. ¿O
es, tal vez, que esa "excelente infraestructura de salud" es tan buena
que sólo merece ser usada por el pueblo venezolano más desposeído
mientras ellos se "sacrifican" y se van al extranjero, pagando altas
sumas de dinero de su propio bolsillo, de manera que no se colapse o
afecte de alguna forma el servicio gratuito para la Nación?
Quizás también olvide, el Presidente, que el sistema de justicia del
país se encuentra manejado por forasteros, cuando se evidencia
presencia de ellos en las notarías, registros públicos, cárceles y
oficinas del Ministerio de Interior y Justicia, mismo que por cierto
no es el único en estas condiciones de entrega.
Si se habla de hipotecar al país, tendrían que hacerse varias
publicaciones para poder exponer tales actuaciones; pero haciendo
referencia específica a las palabras proferidas por el Presidente en
esta nota, surge la obligación a preguntar:
¿Cuándo se le dará respuesta al diputado Miguel Ángel Rodríguez,
acerca de las intenciones "entreguistas" que tiene el ejecutivo frente
al convenio del gobierno de la República de China, en lo que respecta
al "intercambio" petrolero por más de CIEN MIL MILLONES DE DÓLARES
($100.000.000.000)?
¿Será que lo que antes llamaban privatización ahora es bautizado como
"Convenio", dándole así una connotación "Social"?
¿Cuándo se ha hablado de privatizar universidades públicas en este
país, a sabiendas de que los estudiantes serían los primeros en
oponerse a tal acción? Ah, pero lo que sí debería el gobierno evaluar
es que todos los que exigen gratuidad de la educación con bombas
molotov y lacrimógenas en las manos, así como tuvieron el dinero para
comprar y fabricar tales artefactos, deberían también tener algo
disponible como para pagar una matrícula simbólica para su estudio.
¿Es suficiente el pago de 0,5 BsF por un carné y 10 BsF por una
carrera de 5 años? Es una cuestión de sentido común. ¿O debe
presumirse que exigen educación gratis, de la misma manera como
obtendrían sin costo alguno los artefactos explosivos?
La violación sistemática de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela llama poderosamente la atención, frente a lo
que el ejecutivo, específicamente el Presidente de la República, ha
estado "tratando" de imponer vía habilitante, sin importar que
mediante consulta popular para la Reforma Constitucional le fueron
negadas, las propuestas que hoy se ven impuestas.
Al hacer retrospectiva, esta última habilitante se la otorgó la
extinta Asamblea Nacional -a sus órdenes- hace un año, alegando y
justificando razones de emergencia por las lluvias del 2010. Cabe
destacar que ese mismo año, el problema eléctrico -según alegaron- se
debía a la carencia de precipitaciones en la zona de la Represa del
Guri. Hoy se sabe que ni para la electricidad ni para los problemas
que ocasionan las lluvias sirvió habilitarlo.
Sin embargo, el uso que ha hecho de esa habilitación ha permitido
instaurar una serie de mecanismos que lo que hacen es ir en detrimento
del bienestar nacional, plasmado en este discurso de llamado al odio,
a la represión y a la intolerancia por parte del caudillo.
Y ni hablar de la seguridad. Ese sí es, en definitiva, un tema
olvidado por el Presidente. 150 mil muertos en lo que va de un
gobierno que lleva las riendas de un país que NO está en guerra, es
muestra que lo condena. En 13 años de gobierno no han podido responder
a esa interrogante; y es muy sencillo saber el por qué: la violencia
llama a más violencia, y para el que no crea, puede repetir mil veces
el mensaje en el discurso encontrado en el video que acá se presenta
para evidenciar quién y quiénes son los que llaman a la violencia de
Venezuela.
Es importante destacar, que son muchos los medios de comunicación y
periodistas venezolanos que, por mucho menos que lo dicho y
evidenciado en este material multimedia, han sido cerrados, aludiendo
actos de violación a la Ley de Responsabilidad, o por incitación al
odio, o por incendiarios, o por cuanto término extraño acomodaticio
consiguen; o le han abierto medidas administrativas, imponiendo multas
impagables coadyuvando al cierre técnico de la emisora, la estación o
el medio impreso; o en su defecto han sido apresados sus dueños o
accionistas o puestos bajo persecución, aunado al sometimiento del
escarnio público de los actuantes en cuestión. Tal sería el ejemplo
del director del diario El Nacional, Miguel H. Otero, o de la planta
televisiva Globovisión, Guillermo Zuloaga. Mas, sin embargo, nunca se
ha visto el mismo rigor cuando el discurso proviene del oficialismo o
factores afectos a él. ¿Será producto del "torbellino huracanado de
desastres"?
Por otra parte, pero no ajeno al orden de ideas, ¿Hasta cuándo
tratarán de desconocer los triunfos electorales de la oposición?
Los mensajes al respecto han sido contundentes. Un NO rotundo en la
consulta efectuada para la Reforma Constitucional, seguido de un
avasallante 52% del total de los votos para las elecciones de
parlamentarios a la Asamblea Nacional, y ahora por último un
termómetro infalible como lo es el acto de elecciones de la
Universidad Central de Venezuela (UCV), donde el abanderado del
partido Acción Democrática (AD) se alzó con 7.302 votos, quien le
seguía con 5.279 votos perteneciente a la organización Un Nuevo Tiempo
(UNT) y por último el representante oficialista con tan sólo 1.202
votos. Ésto, estimados lectores, representa a una oposición con un
total de 12.581 votos, lo que equivale al 91,3 por ciento de total de
votos de la contienda. Si esto no es contundente, no es posible
determinar qué lo es. Como diría el mismísimo Presidente de la
República: "El que tiene ojos que vea (…)"
Es evidente que, a estas alturas, la tendencia alcista de la curva
opositora en las mediciones de intención de voto para las próximas
elecciones presidenciales es logarítmica. Estos sectores se están
esforzando con muy buenos resultados, canalizando las frustraciones,
los sinsabores y las desventuras que el gobierno de turno ha
instaurado en los corazones y memoria de la mayoría de los venezolanos
(oposición es mayoría, con un 52% del total de los votos escrutados,
según cifras oficiales del CNE, tras emitir los resultados de las
elecciones parlamentarias del 26 de septiembre de 2010).
Por lo tanto, hablar de "torbellino huracanado de desastres" sólo
sería alegórico a la gestión de este gobierno. Ese término no es
ajeno; la colectividad bien lo conoce, puesto que vive día a día las
calamidades de la inseguridad personal, de la salud, del estado de
derecho y del sector alimentario, sólo por citar un ejemplo de
resultados de gestión desastrosa. Además, tampoco es una frase que al
pueblo venezolano amedrente, puesto que, en definitiva, el verdadero
torbellino humillante, despectivo y huracanado de desastres de esta
revolución ha estado en su ofensiva, en su verbo hiriente, en su falta
de respeto para los coterráneos, en la insolencia, la escupitina, el
despotricar y vomitar a sus semejantes cada vez que quiere defender lo
indefendible, todo lo cual ya es un desastre. Y el pueblo se ha
acostumbrado a ese lenguaje soez y troglodita, que decanta
indefectiblemente en un país sumido en la tempestad de un "torbellino
huracanado de desastres".
Para hablar de "torbellino huracanado de desastres" basta con recordar
los dos kilómetros de contenedores de comida que se pudrieron por la
ineptitud del gobierno y la displicencia y complicidad de sus
acólitos. Por cierto, y hablando del "torbellino huracanado de
desastres" dentro de la "justicia" que prevalece en Venezuela: ¿Dónde
están los responsables de las firmas que aprobaron las compras de los
alimentos almacenados en esos contenedores? Si Leocenis García fue
preso por ser el responsable de un medio de comunicación que publicó
un montaje fotográfico que agredió la "moral" de algunas personas del
gobierno, ¿No aplica lo mismo para los responsables –por no decir
dueños- de los entes que participaron en esas compras? Es decir,
¿PDVSA, BARIVEN y PDVAL, se mandan o manejan solas, o es que los
directivos de esas empresas no tienen nada que ver ni son responsables
de lo que adentro de ellas sucede y desconocen lo que allí se hace?
Esto SÍ luce como un verdadero "torbellino huracanado de desastres".
"Torbellino huracanado de desastres" podría llamarse a la política de
viviendas de este gobierno, que en 13 años de gestión, tiene a tres
millones de personas sin techo, ofreciendo ahora en tiempos
electorales, bajo la más infame demagogia politiquera, una promesa
carente de coherencia que ofrece dos millones de viviendas en unos
cuantos meses. ¿Qué ha pasado en 13 años, que ahora quieren resolver
en tan corto tiempo? Al parecer la respuesta está en uno de los
refranes más sabios y conocidos: "El tiempo perdido, hasta los santos
lo lloran". Y como este gobierno no es santo, ni mucho menos tiene
santos en su tren, lo más probable es que sus integrantes lloren más
que un Santo, por todo el tiempo perdido ante las esperanzas de la
Nación.
Un verdadero "torbellino huracanado de desastres" sería que Venezuela
quedara sumida en una promesa que hizo un archiconocido dictador
caribeño hace más de 50 años, y que se reedita en las intenciones de
su homólogo criollo, cuando éste último trata de imponer -halado por
los pelos- un régimen indefinido de poder a sus anchas, respaldado por
una serie de cambios amañados en la Carta Magna para hacerse
vitalicio, intocable e inmensamente poderoso.
He allí el verdadero "TORBELLINO HURACANADO DE DESASTRES".
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