La ilusión de las Misiones no les resuelve sus problemas pero les
mantiene viva la esperanza
FRANCISCO OLIVARES | EL UNIVERSAL
sábado 17 de diciembre de 2011 12:00 AM
Besitos a barrigas de niñas embarazadas, abrazos a viejitas con caras
angustiadas, cantos, bailes y muchas, muchas nuevas promesas, con
muchos, muchos millones de dólares para repartir. Para las dos últimas
Misiones se habla de 4.300 millones de dólares. Todo ello soporta-do
por una cobertura mediática cuyos costos ya resultan imposibles de
calcular. Son tiempos de campaña que parecen no tener principio ni
fin, en la que las nuevas Misiones hacen olvidar las viejas y los
nombres rimbombantes que reencarnan caudillos militares o que evocan
el amor hacia el pueblo, se entrelazan unos con otros, produciendo una
suma de esperanza y desesperanza que se va extraviando en la memoria.
Cada año, desde hace doce años, los medios recuerdan la tragedia de
Vargas y nos recrean con la larga lista de anuncios que nunca se
cumplieron mientras las imágenes registran la cara opuesta a lo que en
su momento ofreciera el Presidente, según el cual Vargas sería un
"estado modelo".
Pero más allá de las obras nunca cumplidas, de las viviendas que no se
hicieron y del nuevo mundo que nunca llegó, quedaron dispersos por el
territorio un número difícil de recordar de damnificados a quienes
entonces les ofrecieron viviendas dignas con todos los servicios.
De ellas sucumbe en el olvido un albergue en Catia con 33 familias
damnificadas de Vargas con el sugestivo nombre de "La Dignidad". De
ese galpón abandonado ya nadie se ocupa, nadie sabría de su existencia
de no ser por las periódicas visitas que algún reportero curioso suele
hacer en alguna oportunidad. Nuestra reportera Maye Albornoz, nos
ofreció una dramática crónica en la que relata cómo luego de lo
ocurrido hace doce años, aquellos niños y niñas de Vargas que fueron a
parar a estos refugios, hoy han formado nuevas familias con nuevos
hijos en la que la única realidad que han conocido son esos galpones
donde cada familia ha quedado confinada a un espacio de 2 por 2 metros
compartido con alimañas, aguas negras, plagas e inseguridad.
La vida transcurrió en aquellos niños, se hicieron hombres y mujeres
contando Misiones y promesas.
Cada año nuevos damnificados se agregan a las listas y nuevas familias
nacen de las viejas tragedias.
La ilusión de las Misiones no les resuelve sus problemas pero les
mantiene viva la esperanza. Tal vez el Presidente pase por allí, sobe
una barriga y la afortunada sea anotada en una lista que la haga
visible para ser beneficiada con una vivienda. La tragedia del
venezolano no son las lluvias ni los deslaves, sino los malos
gobiernos, la corrupción y las políticas que han hechos más
dependientes y más débiles a sus ciudadanos.
Twitter: @folivares10
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada