Al Presidente de la República le fue concedido por primera vez el privilegio de clausurar la ceremonia con que el Tribunal Supremo de Justicia inicia el Año Judicial.
No desaprovechó el jefe del Estado la ocasión, pronunció una arenga eminentemente política. Invocó a León Trotski (asesinado por un agente comunista) y su tesis de la "revolución permanente". El "cambio permanente", y la revolución socialista, e interpretó el mandato constitucional de "estado social y de derecho" como algo análogo al socialismo del siglo XXI.
El comandante atacó a los precandidatos presidenciales y anatematizó al probable triunfador, el cual será el "candidato del imperialismo". El Presidente se proclamó allí mismo como el mandatario reelecto el próximo 7 de octubre. Una arenga verdaderamente antológica que marcará un hito en las ceremonias anuales de la apertura del Año Judicial.
En su intervención, el comandante se refirió a las amenazas de guerra en el estrecho de Ormuz, a la caída de Gadafi y a la guerra civil desatada en Siria. Obviamente, reiteró su solidaridad con Irán y con el dictador sirio. Anunció la presencia en Caracas próximamente de los jefes de Estado de la Alianza Bolivariana.
Seguramente, los países del Alba se alejarán de los postulados de la Comunidad Latinoamericana y del Caribe, pero eso poco importa.
El comandante le señaló al Poder Judicial sus responsabilidades. Ofreció una reforma integral y profunda de aquellas leyes que, a su juicio, chocan con el socialismo. Una reforma profunda de los códigos, o sea, adaptarlos al sistema que desea imponer: "En la demora está el peligro".
Apoyó la idea de la Fiscalía de crear los tribunales penales municipales. "Ya aprobados están los recursos, que es lo que a mí me corresponde. Díganme ustedes lo que hay que hacer y lo haremos", les dijo a los magistrados.
Que vengan todas las reformas y que vengan rápido, insistió, como si el tiempo se fuera a acabar. Preguntó: ¿Quién se puede imaginar a Bolívar capitalista? Pues con la bendición del Padre de la Patria, todo puede emprenderse.
No desaprovechó la ocasión para alabar las misiones. Viene, dijo, la gran misión de la seguridad. Anunció la ley del Consejo de Estado, aprobada bajo las facultades del poder habilitante. En suma, una arenga de campaña electoral.
El comandante se detuvo, en la casa de las leyes, en su justificación del 4 de febrero de 1992. Ya no queda institución o poder del Estado que el presidente Chávez no utilice en sus proclamas políticas. Lo hace en las instalaciones militares, y, como culminación, tomó la escena del Tribunal Supremo. Este es el panorama que el país, en su integridad, afrontará en el curso de este año 2012.
Ante el TSJ, y cientos de magistrados y jueces, se proclamó triunfador el 7 de octubre. "Un cambio de paradigma", dijo por su parte la presidenta del TSJ, por las innovaciones de esta apertura del Año Judicial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada