MAJUNCHE: Mediocre, poca cosa, deslucido, insignificante, ordinario y pacotilla. Casi bestia, un peor es nada.
Todo eso quiso decir Hugo Chávez, presidente de la República a Henrique Capriles Radonski, candidato de la unidad, en una sola palabra: Majunche. La jugada le salió mal

El esmero por sintetizar con éxito en un solo término su desprecio por quien le compite la silla de Miraflores, falló.
Dedicarse nueve horas y 23 minutos a repetir en cadena de radio y televisión, una y otra vez, lo que Énder Arenas, sociólogo, tilda como "apodo llanero" solo sirvió para volver popular la expresión entre los electores que apoyaron en las primarias al gobernador de Miranda y aquellos que en secreto se consideran uno.
Majunche es la nueva versión de el "Frijolito" de Salas Romer o el "Filósofo" de Manuel Rosales.
¿Por qué sacar sobrenombres? Arenas intuye los motivos. "En los procesos anteriores donde Chávez se midió partió de condiciones favorables, impuso la agenda electoral y los apelativos e insultos porque tenía una relación cercana y afectiva con el pueblo. Esta vez es distinto, lo hace porque está desesperado y necesita enganchar a quienes lo dejaron de apoyar".
La legitimidad de la candidatura de Capriles y su conexión con sectores donde era favorito el mandatario lo asusta y obliga a descalificar. El precio que pagará será alto y peligroso. "Es una falta de respeto como mínimo. A nadie le gusta".
El comandante se equivocó al escoger la palabra. El abanderado de la oposición a sus 39 años, es "muy joven para ser culpado por actos de corrupción o mala gerencia" que en el pasado le permitió a Chávez usarlos para enamorar a la población a favor de su revolución. Ese es el análisis de The Economist en un perfil publicado.
El gobernador de Miranda se percibe como un civil con una manera de hablar suave y que hace énfasis en la frase "soy un servidor público" y no un "mesías".
Crespos hechos
"El venezolano le robó la iniciativa al Presidente y recibió con orgullo ser llamado majunche", apuntó Eduardo Sanabria, caricaturista conocido como "Edo". "Los votantes se sintieron identificados porque aunque se lo dijo al candidato de la unidad asumen que por ser su candidato se lo dicen a ellos".
¡Yo sí soy majunche!, se lee en las redes sociales. Es una tendencia. "Reaccionar con humor es una prueba de que ya no se cae en el juego de la confrontación y de que la prudencia es un mejor camino. Será una buena estrategia para contrarrestar el trato despectivo hacia a la oposición".
Tiene razón. La organización en menos de una semana del M.A.J.U.N.C.H.E (Movimiento Activo de Jóvenes Unidos Nacionalmente Contra Hugo en Elecciones) es una prueba.
Posicionarlo en la boca de la población es posible. La historia tiene antecedentes. Los "majuncheros" se convertirán en "las chiripas" de Rafael Caldera. El título se asume como "un rango. Ahora todos querrán ser uno de ellos".
Uso indiscriminado
"El Presidente abusa de la emoción. Califica y satura a la población con sus frases y términos rebuscados, que no son más que un acto de agresividad", declaró Adrian Liberman, psicoanalista. "Se quedó sin excusas para pelear. Su gestión tiene las mismas condiciones precarias del pasado".
¿De dónde lo sacó Chávez? "Le vino a la cabeza de repente", respondió el especialista. Su objetivo es "repetirlo hasta causar la náusea para tratar de que se aloje en la cabeza de la gente". El término es una herramienta para librarse de hacer propuestas y concentrarse en la descalificación de todo aquel que signifique una amenaza, así evade poner ideas contraste.
Su uso por parte del mandatario delata la "visión pobre" con la que percibe a los sectores populares con los que pretende conectarse a través del insulto. "Es una forma muy primitiva de asumir que todos quieren mantenerse en un clima de odio".
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