Gerardo Blyde
¿Qué pasaría en el país si se da un estado de
conmoción interior como el que ellos predicen?
Desde muy temprano, los abogados aprendemos
en las escuelas de Derecho la expresión latina:
¿quid prodest?, que al Castellano se traduce como
"¿a quién beneficia?". Cada vez que ocurre un
delito, lo primero que debe preguntarse un
acucioso investigador es quién se beneficia de tal
acto, para tratar de dar con su autor. Venida del
Derecho Romano y atribuida originalmente al cónsul y censor Lucio Casio Longino, la frase fue
popularizada por Cicerón en el senado romano cuando defendía la República y se oponía al
poder hegemónico y dictatorial del César.
A partir de la agresión sufrida por nuestro candidato presidencial y sus seguidores en el
municipio Libertador, donde fueron atacados por un pequeño grupo armado de simpatizantes
del oficialismo, el discurso de los dirigentes chavistas -incluyendo al propio Presidente y
candidato a su reelección- estableció que existen personas o grupos interesados en atentar
contra la vida de Capriles con la intención de causar un estado de conmoción interior.
A estas acusaciones dadas a los medios de comunicación de manera irresponsable tanto
por el jefe de Estado como por otros voceros del oficialismo, que no muestran prueba alguna
sobre sus dichos ni señalan con claridad quién o quiénes estarían detrás de tan macabro
plan, se comenzaron a unirse otras voces que, ante los crímenes cometidos en los últimos
días contra personalidades del mundo de la cultura o ligados a otros sectores sensibles
y con acceso a los medios de comunicación, están señalando que tales crímenes serían
también parte del mismo plan de desestabilización, para ir generando un estado de
conmoción interior. Hay que tener riñones para tratar de escurrir el bulto sobre la
responsabilidad directa del Gobierno ante su deficiente política integral de seguridad.
Nadie puede ser tan incauto como para darle algún viso de credibilidad a este intento burdo
de evasión de la responsabilidad que tienen quienes por los últimos 13 años han detentado
el mayor de los poderes en el manejo de las instituciones del Estado y nos han llevado a la
situación de absoluta inseguridad en la que viven todos los venezolanos hoy.
Pero, por si existe algún inocente que crea de corazón que algo de esto pudiera ser posible,
preguntémonos como los romanos: ¿quién se beneficiaría con semejantes escenarios de
conmoción e incluso de la desaparición física de nuestro único candidato presidencial?
Pasamos por un proceso histórico de unificación y, con una legitimidad indiscutida,
Capriles fue elegido en primarias como nuestro candidato. La diferencia entre él y el
segundo más votado fue grande y Pablo Pérez ha demostrado ser un demócrata cabal
que se ha integrado para aportar todo lo que pueda para lograr el triunfo presidencial de
Capriles. Igual lo han hecho el resto de los precandidatos participantes. ¿Nos convendría
a los demócratas quedarnos sin nuestro candidato presidencial para la contienda del 7 de
octubre? En nada. Por el contrario, nos traería un gigantesco problema para volver a unificarnos
en torno a un solo candidato. ¿A quién le conviene que no estemos unidos?
Definitivamente a quien competirá en contra de nosotros para mantenerse en el poder.
Cuando salen en los medios a declarar en tono "protector" denunciando una supuesta
conspiración proveniente de nuestras filas, para sacarnos de la agenda electoral, lo que
buscan es evitar que nuestra unidad los venza en esas elecciones.
¿Qué pasaría en el país si se da un estado de conmoción interior como el que ellos
predicen? Un estado de conmoción interior que no pueda ser controlado por las fuerzas
del orden público ordinario daría pie a que el Presidente, en el marco de la Ley sobre
Estados de Excepción, pueda dictar un decreto de restricción de garantías constitucionales
para hacerle frente. Esa misma ley determina que, con garantías y derechos constitucionales
restringidos, no pueden celebrarse elecciones. ¿A quién beneficiaría una suspensión de las
elecciones? A quien está en el poder, sin duda. Se mantendría en él, sin celebrar elecciones
y ganaría tiempo para recomponer a su candidato y a sus fuerzas en caso de sentir o
prever que no saldría favorecido en la contienda o que no pueden hacer una campaña
electoral exitosa por las limitaciones que sea.
A quien tiene un plan de campaña eficiente que lo mantiene en constante ascenso para lograr
convertirse en el nuevo Presidente y está en la calle con la gente, no le conviene en lo
más mínimo generar un estado de conmoción interior para que se restrinjan garantías y se
suspendan las elecciones. A Capriles, y a todos quienes lo apoyamos, nos conviene que
exista un clima de paz en el cual pueda recorrer el país de palmo a palmo para mostrar su
propuesta de modernidad.
gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde
Artículo publicado en El Universal.
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