Hugo Chávez es el principal responsable del elevado nivel de inseguridad que vive la sociedad venezolana. De esta verdad, nadie debe tener duda. Ha sido un largo proceso de destrucción institucional, acompañado de una permanente prédica de odio y de violencia, dirigido por él mismo, que se inició desde la campaña electoral de 1998 y se ha ido incrementando en el tiempo mediante el abuso de poder y la permanente y masiva utilización de todos los medios de comunicación del Estado, ampliada a través de las abusivas cadenas presidenciales. El objetivo ha sido muy claro: atemorizar al pueblo venezolano con el fin de disminuir su capacidad de resistencia ante un régimen que, de manera abusiva, ha ido restringiendo las libertades ciudadanas y los principios fundamentales que caracterizan a un régimen democrático...
La destrucción institucional comenzó desde el propio momento de su juramentación como presidente de la Republica. Señalar que la Constitución Nacional se encontraba moribunda; convocar de manera inconstitucional a una Asamblea Nacional Constituyente; manipular su elección para tener una total mayoría que le permitiera imponer su visión ideológica y maniobrar para eliminar el Congreso Nacional, fueron acciones fríamente calculadas que buscaban controlar los poderes públicos. Su segundo paso: penetrar las Fuerzas Armadas. El método fue inclemente: cientos de oficiales fueron enviados sin cargos a sus casas. Naturalmente, el numeroso sector institucional reaccionó. El fracaso de la desobediencia militar del 11 del Abril facilitó la amplia purga y el control de los mandos. Su total ideologización es todavía un objetivo a alcanzar.
La administración pública fue totalmente desmantelada. La capacidad y la experiencia fueron dejadas a un lado prefiriéndose el compromiso político y la lealtad al caudillo. Las policías nacionales y muchas regionales y municipales fueron prácticamente destruidas, iniciándose un ineficiente proceso de reorganización y creación de nuevas policías. Un total desastre. Nada funciona. La coordinación policial, responsabilidad del Ministerio del Interior, es inexistente. Al mismo tiempo, se destruyó y politizó la carrera judicial. Los jueces provisorios, sin estabilidad laboral, permitieron influir sobre las decisiones judiciales. A partir de ese momento se empezó a aplicar el terrorismo judicial para callar a los sectores de oposición, controlar los medios de comunicación e imponer, sin ningún límite, el poder de Hugo Chávez.
Las consecuencias han sido muy dolorosas. La violencia es el problema que más angustia a los venezolanos. Analicemos con frialdad las estadísticas: se ha pasado de 4.550 homicidios en 1998 a más de 19.000 en el 2011. Los secuestros en el 2010 aumentaron 23 veces con relación a 1999. Hay una cifra muy significativa que permite valorar técnicamente esta realidad: el número de homicidios por 100.000 habitantes. En Caracas, en el año 2009, se alcanzó la cifra de 130 homicidios x 100.000 habitantes y en Venezuela la de 65 homicidios. La media latinoamericana es de 27 y la mundial de 9. En el 2012, Caracas, sobrepasó los 200 homicidios. Esto significa que en los once años del gobierno de Hugo Chávez han ocurrido en Venezuela 123 mil homicidios. Lo que sorprende es que en Colombia, en 45 años, sólo han ocurrido 64.000 homicidios.
Estas cifras son injustificables. Pueden causar la derrota de Hugo Chávez. Esta semana ha sido trágica. Asesinatos y más asesinatos. Veamos el curioso caso de la advertencia pública que Hugo Chávez hizo sobre un posible atentado contra Henrique Capriles. Eso sí, de inmediato lo justificó a su favor: "La conspiración se origina en la oposición y en los sectores de la burguesía ante la certeza de su derrota electoral". Yo percibo el problema de manera distinta. Es verdad, que pueden atentar contra Henrique Capriles. No la oposición, sino intereses económicos que se han enriquecido a la sombra del régimen o grupos cubanos que ven con terror la derrota de Hugo Chávez. Hay otra posibilidad. Algún radical, de esos que llamaban anarquistas. La prédica disolvente de Hugo Chávez, acusándolo de antipatriota, puede conducir a un hecho de esa gravedad.
Hay que ser observador. Hugo Chávez ha establecido dos líneas de acción para tratar de detener el impulso de la candidatura de Henrique Capriles: la primera, destruirlo moralmente; la segunda atemorizar al propio candidato y a sus seguidores. Las descalificaciones personales las inició el propio Hugo Chávez, seguido de sus segundones. Creyeron que Henrique les iba a responder. No fue así. Ni caso les hizo. En su intento por atemorizar a sus seguidores, lo atacaron en Cotiza y ahora inventaron lo del atentado. Total fracaso. Las caminatas y las visitas casa por casa tomaron mayor impulso. Hugo Chávez está consternado. No sabe qué hacer. Se siente enfermo y envejecido. Ve con envidia a su contendor: joven, sano, y con probada simpatía. Sólo puede, con nostalgia, recordar la campaña de 1998. Esos tiempos no regresarán. Su derrota empieza a ser realidad.
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