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lunes, 19 de marzo de 2012

Las Armas de Coronel Llamo a la solidaridad y a la resistencia

                                                                                                   


Una gran amiga mía se encuentra hoy en gran angustia: su hijo fue asaltado hace algunos meses en Caracas para robarle su vehículo. Le dispararon a la cabeza y se encuentra hoy en coma. Mi amiga espera su recuperación. Yo la puedo comprender en su dolorosa angustia y la acompaño en su esperanza.
Todas las madres del mundo, con un hijo en peligro, permanecen estoicamente sentadas 24 horas del día, al borde de una silla, deseando y rogando por su recuperación. Ruego fervientemente porque mi amiga así lo pueda ver.

Hace dos días recibí una llamada de Maracaibo, donde me decían que una joven de 19 años, entrañable amiga de nuestra familia marabina, había sido asesinada por la policía venezolana. Esa policía, pomposamente llamada científica, es representativa de un regimen politico que ha sembrado la tragedia y el desastre en la sociedad venezolana, crímenes llevados a cabo ante el esencial silencio y sumisión de millones de mis compatriotas. Lo que estamos presenciando hoy es un país manejado por hampones, poblado por millones de personas sin conciencia ciudadana, acostumbrados a esperar las limosnas del régimen de turno, poco interesados en educarse y sobresalir en la vida, millones de gentes lastimosamente dependientes, acosadas por enfermedades, ignorancia, prejuicios raciales y resentimiento de clases .
En paralelo, estamos presenciando los intentos del régimen de exterminar una clase media que ha querido educarse, formarse, progresar en la vida y ser buenos ciudadanos, una clase media que generalmente forma la columna vertebral del progreso en cualquiera sociedad civilizada del planeta. En Venezuela esa clase ha sido perseguida, obligada a irse del país, asesinada u hostigada por las pandillas anárquicas que actúan libre e impunemente bajo la dirección del regimen, cuyo líder es un desequilibrado mental condenado a morir a corto plazo, pero determinado a llevarse al país a la pudrición junto con él.
No puedo ofrecerles una solución de corto plazo a los millones de venezolanos que han sido víctimas de este funesto régimen hamponil. NI siquiera puedo darles efectivo consuelo, otro que mi solidaridad, a mis amigos y amigas quienes han sido víctimas directas de una Venezuela degradada y salvaje. Querámoslo o no, nos ha tocado vivir una etapa horrorosa de la historia venezolana, solo comparable a los años de Boves, o de los Monagas o de Ezequiél Zamora. Yo me ausenté hace ya nueve años de esa Venezuela prostituída y he podido amortiguar significativamente la carga de angustia que hoy abruma a millones de mis compatriotas, pero comprendo y respeto que muchos venezolanos no hayan podido o deseado hacer lo mismo.

En el sitio de Leningrado, llevado a cabo por Alemania durante la segunda guerra mundial, murieron de hambre y sufrimientos setecientos cincuenta mil habitantes. Durante los catorce años de régimen chavista han sido asesinados cerca de doscientos mil venezolanos, proporcionalmente una cantidad muchísimo mayor de seres humanos. Así como en Leningrado muchas de la víctimas murieron a manos de los mismos esbirros de Stalin, en purgas absurdas que combatían imaginarios crímenes ideológicos, así en nuestro país muchos de los muertos han sido víctimas de los esbirros del regimen, convertidos en secuestradores y asesinos debido a la prédica del odio llevada a cabo por el régimen y por la desintegración de nuestro tejido social.

Esta situación desesperada nos obliga , a todos los venezolanos dignos, a salir de nuestra actitud pasiva para convertirnos en agentes activos de resistencia en contra de la tragedia venezolana promovida por Hugo Chávez. Ya el país ha sufrido demasiado, ya no es posible esperar más para insurgir contra esta horrible situación. No es necesario estar armados. La resistencia pacífica alcanzó auge con Ghandi hace ya casi un siglo, pero se conoce desde hace unos 2500 años.

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