Mucho se ha escrito sobre los resultados potenciales de los comicios
presidenciales. Diversas encuestas han ocupado gran parte de esas discusiones. Nosotros
insistimos que la campaña apenas empieza y es muy temprano para proyectar. Si bien es cierto
que existe un actor dominante, no es cierto que su candidatura cuente con una "tendencia
irreversible" y falta mucha agua por pasar bajo el puente (y sabemos que hablar sobre el agua es
un peligro en Venezuela). Pero entonces, si no podemos proyectar resultados, ¿qué se podría
anticipar sobre la elección y especialmente de la etapa pos electoral?
Para responder está pregunta consideraremos tres escenarios, asumiendo que el Presidente
culminará la campaña, ya que su potencial ausencia la analizamos en un artículo anterior:
1) victoria de Chávez, 2) victoria de Capriles y 3) un escenario de conflicto. Los esbozo con ayuda
de Carlos Lagorio, consultor de Datanálisis.
Una victoria de Chávez significaría la profundización de la revolución. Veríamos un incremento en
los mecanismos de control de la economía bajo el esquema del corporativismo estatista. Es
probable que se permita la existencia de un sector privado pero cercado y sin margen de maniobra
gerencial. Se devaluarían los bonos venezolanos en el mercado internacional a la vez que se
deterioraría la inversión extranjera. En el plano político, la reforma de las estructuras buscaría acelerar
la recentralización administrativa restándole competencias y recursos a las instituciones locales y
regionales (sobre todo aquellas afectas a la oposición -muchas de las cuales correrían el riesgo de
volver a manos del oficialismo como producto del momentum chavista tras el 7 de octubre). No debería
descartarse la posibilidad de un nuevo intento de modificación de la Constitución.
Una victoria de Capriles significaría un cambio de rumbo y una oxigenación de las expectativas de los
inversionistas sobre el país, aunque la implementación de ese cambio no sería tan brusco como algunos
desean y otros temen. El principio rector de un nuevo gobierno sería la moderación. No olvidemos que
el reto será consolidar su gobernabilidad en un país donde el chavismo mantendría el control de las
instituciones, recursos y armas. Algunos controles tendrán que mantenerse (como algunos precios,
Cadivi, gasolina) a la vez que se conservarían e incluso intensificarían mucho de los programas sociales
y misiones. La alteración en las relaciones de poder probablemente provoque más de un reacomodo
ideológico (o salto de talanquera) pero todo eso requiere tiempo. Para saber si será un escenario estable,
basta con ver si será un gobierno de negociación (estable) o de ajuste de cuentas para complacer
radicales (en cuyo caso puede durar lo que aquello en un chinchorro).
Finalmente, existe la posibilidad del conflicto. Ante la posibilidad de una derrota cantada y en función
de la evolución de la salud de Chávez, las distintas facciones oficialistas podrían patear la mesa y
postergar las elecciones o inclusive tratar de desconocer resultados. El conflicto se desenvolvería
fundamentalmente en el seno del chavismo. El debate sería entre la lealtad a un proyecto y la lealtad
a las instituciones. Más allá de consideraciones principistas, los grupos en pugna decidirían apoyar a
la revolución o a la Constitución en función de las ganancias y los riesgos que estas posiciones
impliquen.
¿Qué tan acertado sería desvirtuar la decisión de los electores? ¿A quién responderían los altos
mandos militares? ¿Qué valdría más para el funcionario chavista: su sobrevivencia política personal
o la continuidad de la revolución? De eso hablaremos las próximas semanas.
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