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sábado, 21 de abril de 2012

Golcar's Blog El “antes” es, hoy, más “ahora” que nunca

                                                         


La noche que transmitieron la entrevista que Eladio Aponte Aponte le dio a

Verioska Velasco, yo jugaba con algunas fotos en la computadora. Las

ampliaba, les daba más brillo y contraste, revisaba el Facebook y el Twitter,

mientras escuchaba lo que el exmagistrado decía sin mirar mucho a la pantalla

para evitar las náuseas.

Lo escuchaba y me sorprendía pensando: "Este desgraciado no está diciendo

nada nuevo. Todo lo que dice lo conocemos de antemano. Seguramente, los del

gobierno saldrán a decir que es un corrupto, como en efecto él mismo está

asumiendo que lo es y como todos lo sospechábamos y, con la desfachatez y

desvergüenza que caracteriza a estos revolucionarios de pacotilla, despacharán

el tema".

Me asombraba que lo que escuchaba no me causaba la más mínima sorpresa.

Todo sonaba a más de lo mismo y parecería que mi capacidad de sentir asco rebasó

su límite hace tiempo. Todo me lucía tan propio y "normal" de este "proceso" que lo

escuchaba como quien escucha llover.

Entonces, hoy, me consigo con un artículo de César Miguel Rondón sobre las

declaraciones del ex magistrado, titulado "El traidor Aponte" en el que termina diciendo:

"Esta es quizás la peor cloaca, la más asquerosa cloaca que se les haya evidenciado a
los venezolanos.  Porque en el fondo, alguien decía ayer,  pero si esto no es nuevo, eso
lo sabíamos. Sí, a lo mejor lo sabíamos o tan sólo, lo sospechábamos. Lo que no
sabíamos era que uno de los delincuentes lo iba a destapar de esta forma o, como se
dice vulgarmente,  "iba a prender el ventilador".

 

s cuando caigo en cuenta que, en realidad, no solo sabíamos lo que ha

venido sucediendo en estos 14 años de "revolución" porque

ha sido un secreto a voces que ha corrido como agua de cloacas desbordadas. Por un

lado, alguna gente decente se ha encargado de decirlo pero, sobre todo, se sabía porque

los mismos protagonistas se han dado a la meticulosa tarea de exhibir sus inmundicias

sin ningún pudor y enorgullecidos de lo que hacen, con la actitud de matón de barrio que

enseña sus tropelías para pavonearse de su poder y para amedrentar a quienes puedan

pensar en atreveverse a enfrentarlos.

También esperábamos que en cualquier momento alguno de los involucrados saliera a

"sapear" y a "echar dedo" para salvar su pellejo. Lo esperábamos porque es lo más lógico

que suceda cuando se trata de chanchullos, tropelías, abusos de poder y corrupción entre

malandraje de baja calaña como el que pulula en todas las instancias de poder de este

carcomido, corrompido, prodrido y corroído régimen que parece eternizarse en Venezuela.

CHÁVEZ, ADAN, ALABÓ Y

CONDECORÓ A APONTE POR "SU EMPEÑO EN IMPARTIR JUSTICIA", etc

Entre matones de bajo perraje las palabras honor, pudor y vergüenza brillan por su

ausencia. Entre este tipo de ratas de albañal lo que impera es el instinto más básico

de supervivencia, ese mismo instinto que llevó a Aponte a cantar en los Estados

Unidos toda la cochinada de la que fue cómplice y protagonista. Allí, en el criticado

y señalado imperio "mesmo" donde seguramente pretenderá disfrutar de los dineros

supuestamente obtenidos
a fuerza de sobornos, chantajes y pagos por hacerle el trabajo sucio al régimen y

darle visos de legalidad.

A estos bandidos de bajo perraje ni siquiera se les puede catalogar como mafiosos

porque en las mafias hay reglas y códigos de honor que se respetan hasta las últimas

consecuencias. Es puro pillaje y piratería, traición y cobardía, supervivencia de ratas

en un barco que se hunde y que por salvarse son capaces de hincarle el diente hasta

a sus propias madres.

Los mafiosos de honor, como los de las mafias japonesas o italianas, una vez terminado de dar las declaraciones, hubieran tomado la daga y se habrían hecho sepukku para buscar limpiar su honor, como quiso el ex magistrado que creyéramos . Pero el suicidio por honor es mucho pedir a esta baja calaña que nos ha desgobernado por tantos años.

Creo que, al final, para lo único que sirve el asqueroso episodio Aponte Aponte es para derrumbarle la coartada a los amigos que continúan apoyando esta "revolución" bajo la excusa de que no quieren que vuelvan los excesos y abusos de la llamada cuarta república.

Después de escuchar de la propia boca del magistrado caído en desgracia lo que todos sabíamos pero que ellos se han negado insistentemente a ver, ya no les quedan excusas. Lo que tanto aborrecían de la democracia de hace 14 años, se continúa perpetrando y de manera más indigna, frecuente y soez que antes. Ya no pueden decir que no quieren volver a lo de antes porque Aponte Aponte nos demostró que ese "antes" es, hoy, más "ahora" que nunca. La pose de dignidad no les sentará nunca más mientras sigan alcahueteando con su silencio, complicidad y votos a este atroz régimen.




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