de 2002 y de nuevo el Gobierno ha reeditado una visión obscenamente reñida con la verdad en
la cual los "malos" son las víctimas y los "buenos" los pistoleros de Puente Llaguno que
dispararon a mansalva contra manifestantes pacíficos y desarmados. Huelga decir que en esta
visión maniquea el "bueno más excelso", es quien fríamente dio las órdenes de activar el Plan
Ávila y autorizó el uso de las zonas de seguridad de Miraflores para que disparasen los
francotiradores no identificados y jamás castigados.
Más de una vez Chávez ha dicho que él fue quien provocó no solo la crisis política de 2002 que
causó 19 muertes y 150 heridos, sino los ataques a los empleados de Pdvsa, el acoso brutal de
la lista Tascón (que sigue aplicándose con fiereza) y el cierre de RCTV, como recordaba el diputado
M.A. Rodríguez. Otra colega, Marianella Salazar, señala que a fuerza de repetir mentiras, ha logrado
convencer a gran parte del país y del mundo de que la oposición dio un "golpe de Estado", como si
los militares que le pidieron la renuncia hubieran sido comandados por los partidos políticos y por el
millón de civiles que marcharon mansamente "armados" con pitos y banderitas. "Las negociaciones
que condujeron al desenlace (de abril) fueron llevadas a cabo con una gramática estrictamente militar"
subraya Colette Capriles (EN 12-04-2012). El destino de Chávez "se dirimió entre militares", los que
le pidieron la renuncia, "la cual aceptó", y los que le regresaron al poder. Con esa lógica orwelliana el
4F no fue un golpe sino una "rebelión" que el propio felón convirtió en Fecha Patria con desfile militar
incluido. En cambio que el 12A fue ungolpe que Chávez se cuida de no endilgar al alto mando militar
(algunos de los cuales siguen hoy con él o en embajadas), sino a todos los civiles y partidos de la
disidencia. Aquella marcha devino en una masacre de la cual se culpó a los comisarios y PM
condenados a 30 años de cárcel por una "justicia" dedicada a garantizar la impunidad de los crímenes
causados por el régimen que ha erigido la violencia y el terrorismo judicial en política de Estado. Su
mayoría parlamentaria nunca nombró una Comisión de la Verdad. En 10 años no ha habido respuesta
para los familiares de las víctimas, muchos de los cuales han tenido que abandonar el país por el acoso
oficial. Año tras año las mismas espantosas mentiras que trastocaron a las víctimas en verdugos.
Ahora que un Chávez muy enfermo aspira a la reelección, su gobierno atiza aún más los odios y
justifica sus atropellos en los hechos de abril, incorporados como parte de su campaña electoral. En
solo dos días el oficialismo publicó contra Henrique Capriles cinco páginas en tres medios impresos,
a todo color, con un costo de muchos miles de bolívares, presentándolo como "asaltante" de la
Embajada de Cuba. Olvidan que "la escalera usada por Capriles para entrar en la Embajada se la
pusieron los propios cubanos, luego que su embajador Sánchez Otero solicitara su presencia a
través del embajador de Noruega" (Tal Cual 12-04-12).
En tanto Henrique Capriles Radonski sigue su prédica conciliadora y su contacto casa por casa con
magníficos resultados (prueba de que la gente está harta de la confrontación estéril mientras el país
es devorado por la ineptitud y corrupción oficiales), Chávez y su aparato propagandístico exacerban
el encono, la división y la violencia, justamente cuando el enfermo busca el auxilio de Cristo para
recuperar su muy maltrecha salud, sin que de su boca haya surgido ni una sola palabra de paz y de
arrepentimiento. No entiende que "para recibir perdón de Dios debe reparar el mal y las injusticias
que ha causado" como le dijera en carta pública esta semana el obispo emérito de Carora, Mons.
Herrera quien, como advirtiéndole a Chávez la inutilidad de represalias en su contra, le dice que
tiene 84 años, que también se sometió a tratamientos de quimioterapia y que "su muerte está
cerca". El obispo le recuerda a Chávez "la injusta prisión de la jueza Afiuni", de los comisarios y
demás presos políticos, los robos o expoliaciones de sus "exprópiese", de las muertes causadas
por la entrega ilegal de armas y la negligencia en enfrentar "la corrupción que asola a Venezuela,
tanta que muchos piensan en su complicidad en esos hechos (… ) de ahí la venalidad de los
jueces que dictan sentencias ordenadas por usted mismo".
Y en eso estamos. En la etapa en la que Monseñor Herrera advierte que "Dios tomará cuentas si
no corrige sus graves faltas" y, a partir del 07-O, en la de reescribir la historia para que
desaparezcan "los malos" y los "buenos" y se rinda culto a la verdad.
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