1º DE MAYO Y ¿CUÁNDO VAMOS A SEMBRAR EL PETRÓLEO?
Fuente: google.com
La vieja deuda…
A propósito de la celebración del 1º de mayo, es conveniente reflexionar acerca
del futuro de nuestra economía nacional –sin la cual no hay trabajo posible,
sino posibilidades de pasar trabajo-, y de unos de su condicionante principal:
la renta petrolera y, hasta ahora, mayoritariamente nefasta administración por
parte del Estado venezolano, en sus distintas épocas.
del futuro de nuestra economía nacional –sin la cual no hay trabajo posible,
sino posibilidades de pasar trabajo-, y de unos de su condicionante principal:
la renta petrolera y, hasta ahora, mayoritariamente nefasta administración por
parte del Estado venezolano, en sus distintas épocas.
A poco más de un siglo de historia de la actividad petrolera en Venezuela –desde
su periodo pre industrial-, una de las mayores aspiraciones de la Nación venezolana,
en casi un siglo de explotación petrolera relevante, ha sido la de utilizar la creciente
renta como "palanca", "motor", "catalizador" –y numerosas metáforas más-, del
desarrollo económico.
su periodo pre industrial-, una de las mayores aspiraciones de la Nación venezolana,
en casi un siglo de explotación petrolera relevante, ha sido la de utilizar la creciente
renta como "palanca", "motor", "catalizador" –y numerosas metáforas más-, del
desarrollo económico.
Tempranamente -cuando la concepción de la economía en torno a la explotación
petrolera era vista como "economía destructiva" y no eran imaginables las inmensas
reservas de hidrocarburos con las cuales contaba el país-, varias voces se elevaron para
recomendar enfáticamente el uso racional de la renta petrolera, más allá del gasto público
corriente. Fue emblemático –y curioso-, como en medio del entreguismo del gomecismo,
a los intereses transnacionales, prosperara la preocupación nacionalista de
Gumersindo Torres, quien fue en dos oportunidades Ministro de Fomento de Gómez
y pionero en la formulación de normativas específicas -leyes-, para la explotación de
hidrocarburos y para mejorar los beneficios fiscales de la Nación.
petrolera era vista como "economía destructiva" y no eran imaginables las inmensas
reservas de hidrocarburos con las cuales contaba el país-, varias voces se elevaron para
recomendar enfáticamente el uso racional de la renta petrolera, más allá del gasto público
corriente. Fue emblemático –y curioso-, como en medio del entreguismo del gomecismo,
a los intereses transnacionales, prosperara la preocupación nacionalista de
Gumersindo Torres, quien fue en dos oportunidades Ministro de Fomento de Gómez
y pionero en la formulación de normativas específicas -leyes-, para la explotación de
hidrocarburos y para mejorar los beneficios fiscales de la Nación.
Mientras –asumimos que con su mejor intención-, Torres se esforzaba tempranamente
por regular la explotación petrolera y maximizar, vía legislativa, la recaudación de
renta, otras voces se elevaron también para opinar sobre el uso de la renta petrolera.
Entre todas ellas, la que mejor resumió las alternativas que debían generarse para invertir
la renta fue, como sabemos, Arturo Uslar Pietri en su célebre frase de "Sembrar el
Petróleo" (Editorial Diario Ahora, 1936). En aquel momento, las expectativas de
Uslar Pietri estaban centradas fundamentalmente en el desarrollo de la agricultura y
la ganadería (ante el acentuado declive del potencial agropecuario de la Nación), pero
también apostaba al desarrollo de un sector industrial y agroindustrial fuerte que
permitiera superar la condición meramente extractiva y primaria de la economía
venezolana.
por regular la explotación petrolera y maximizar, vía legislativa, la recaudación de
renta, otras voces se elevaron también para opinar sobre el uso de la renta petrolera.
Entre todas ellas, la que mejor resumió las alternativas que debían generarse para invertir
la renta fue, como sabemos, Arturo Uslar Pietri en su célebre frase de "Sembrar el
Petróleo" (Editorial Diario Ahora, 1936). En aquel momento, las expectativas de
Uslar Pietri estaban centradas fundamentalmente en el desarrollo de la agricultura y
la ganadería (ante el acentuado declive del potencial agropecuario de la Nación), pero
también apostaba al desarrollo de un sector industrial y agroindustrial fuerte que
permitiera superar la condición meramente extractiva y primaria de la economía
venezolana.
A partir de 1959 y hasta mediado de la década de los ochenta, la Nación vio traducido en
bienes y servicios públicos parte de la renta petrolera –los cuales sirvieron para alcanzar
una primera fase de verdadera modernización. En ese periodo mejoró sustancialmente,
por ejemplo, la salubridad del país; se logró la erradicación de numerosas enfermedades
endémicas y el sistema de salud dio un salto cualitativo y cuantitativo en materia de
estructuras y servicios. Por su parte la educación pública también alcanzó amplios
estadios de desarrollo, a todos los niveles. Todo ello, para luego comenzar un proceso
indetenible –hasta el presente-, de degeneración institucional y en la producción
de bienes y servicios públicos. Paradójicamente, durante la primera etapa de la
socialdemocracia, ésta combinó los esfuerzos por modernizar a la Nación con los
comienzos de su degeneración.
bienes y servicios públicos parte de la renta petrolera –los cuales sirvieron para alcanzar
una primera fase de verdadera modernización. En ese periodo mejoró sustancialmente,
por ejemplo, la salubridad del país; se logró la erradicación de numerosas enfermedades
endémicas y el sistema de salud dio un salto cualitativo y cuantitativo en materia de
estructuras y servicios. Por su parte la educación pública también alcanzó amplios
estadios de desarrollo, a todos los niveles. Todo ello, para luego comenzar un proceso
indetenible –hasta el presente-, de degeneración institucional y en la producción
de bienes y servicios públicos. Paradójicamente, durante la primera etapa de la
socialdemocracia, ésta combinó los esfuerzos por modernizar a la Nación con los
comienzos de su degeneración.
No obstante a las transformaciones significativas que los petrodólares trajeron a la Nación
durante el período señalado, la modernización del país se estancó y comenzó además un
retroceso inusitado. El giro de la democracia imperfecta al "totalitarismo perfecto" en
1999, aceleró todas las patologías políticas, económicas e institucionales de las cuales
padecíamos, incluyendo la peor versión posible del rentismo petrolero.
durante el período señalado, la modernización del país se estancó y comenzó además un
retroceso inusitado. El giro de la democracia imperfecta al "totalitarismo perfecto" en
1999, aceleró todas las patologías políticas, económicas e institucionales de las cuales
padecíamos, incluyendo la peor versión posible del rentismo petrolero.
La destrucción de todos los modestos controles que existían en la administración de
la renta por parte del Estado venezolano, la exacerbación del gasto público corriente, la
declinación de la inversión del Estado en obras con verdadero efecto multiplicador,
las pretensiones de imponer un modelo político y económico de inspiración comunista
–destruyendo la estructura productiva, especialmente los sectores agropecuario y
agroindustrial-, se han sumado para que ahora más que nunca la frase de Uslar cobre
nuevamente vigencia. Pareciera más imperativo que nunca "Sembrar el Petróleo".
la renta por parte del Estado venezolano, la exacerbación del gasto público corriente, la
declinación de la inversión del Estado en obras con verdadero efecto multiplicador,
las pretensiones de imponer un modelo político y económico de inspiración comunista
–destruyendo la estructura productiva, especialmente los sectores agropecuario y
agroindustrial-, se han sumado para que ahora más que nunca la frase de Uslar cobre
nuevamente vigencia. Pareciera más imperativo que nunca "Sembrar el Petróleo".
Por supuesto que sembrar el petróleo –es decir, invertir la renta petrolera mayoritariamente
en la promoción del aparato productivo-, en la Venezuela contemporánea cobra nuevas
dimensiones. Especialmente en un contexto global, donde las economías industriales, las
de grandes producciones en serie se hallan en declinación para dar paso a las economías
basadas en el conocimiento. Pero también en medio de los grandes riesgos, amenazas y
desafíos que representa el reordenamiento global basado en nuevas motivaciones para los
conflictos –déficit de agua, de tierras cultivables, de alimentos-, sustituyendo a las
motivaciones tradicionales como la búsqueda del control de territorios, materias primas,
mercados y de reservas de hidrocarburos.
en la promoción del aparato productivo-, en la Venezuela contemporánea cobra nuevas
dimensiones. Especialmente en un contexto global, donde las economías industriales, las
de grandes producciones en serie se hallan en declinación para dar paso a las economías
basadas en el conocimiento. Pero también en medio de los grandes riesgos, amenazas y
desafíos que representa el reordenamiento global basado en nuevas motivaciones para los
conflictos –déficit de agua, de tierras cultivables, de alimentos-, sustituyendo a las
motivaciones tradicionales como la búsqueda del control de territorios, materias primas,
mercados y de reservas de hidrocarburos.
La gran pregunta es ¿cómo los venezolanos recuperamos la Nación del atraso en el cual
nos ha sumido la prolongada continuidad de malos gobiernos y precarios gobernantes;
el paso de malos gobiernos socialdemócratas a uno pésimo totalitario? ¿Cómo reducimos la
brecha evolutiva en materia institucional, económica y tecnológica con respecto a otras
sociedades occidentales, las cuales –sin ser perfectas y con problemas particulares-, ya
entraron al siglo XXI?
nos ha sumido la prolongada continuidad de malos gobiernos y precarios gobernantes;
el paso de malos gobiernos socialdemócratas a uno pésimo totalitario? ¿Cómo reducimos la
brecha evolutiva en materia institucional, económica y tecnológica con respecto a otras
sociedades occidentales, las cuales –sin ser perfectas y con problemas particulares-, ya
entraron al siglo XXI?
La respuestas a estas preguntas y su implementación serán fundamentales –con
consecuencias más que catastróficas si nos equivocamos-, para que el país no siga siendo
un paria en el concierto mundial de naciones, otro pobre país rico en petróleo. ¿De qué
sirve que la Nación posea las mayores reservas petrolíferas del planeta, si su pueblo, sus
ciudadanos, sus dirigentes no son capaces de explotarlas inteligentemente, de
monetarizarlas, de convertirlas en la mayor prosperidad posible para todos, sin que
ello implique el fomento del parasitismo, la anulación de la vocación por el trabajo y la
dominación del Estado sobre el ciudadano?, pregunto nuevamente, ¿de qué sirve?
consecuencias más que catastróficas si nos equivocamos-, para que el país no siga siendo
un paria en el concierto mundial de naciones, otro pobre país rico en petróleo. ¿De qué
sirve que la Nación posea las mayores reservas petrolíferas del planeta, si su pueblo, sus
ciudadanos, sus dirigentes no son capaces de explotarlas inteligentemente, de
monetarizarlas, de convertirlas en la mayor prosperidad posible para todos, sin que
ello implique el fomento del parasitismo, la anulación de la vocación por el trabajo y la
dominación del Estado sobre el ciudadano?, pregunto nuevamente, ¿de qué sirve?
La Nación solamente podrá superar el "agujero negro" del atraso (y el retraso) en el cual
hemos caído llevando adelante un giro de ciento ochenta grados, primero, en la
concepción de las instituciones que sustentan el Estado y el gobierno en sus distintos
modelos. Se da por sentado que las "instituciones" del totalitarismo nada tienen
que ofrecer. Por su parte, las instituciones que se generaron a la luz de la evolución
de la socialdemocracia, durante cuarenta años –barridas por estos trece años de
personalismo de viejo cuño-, requerirían también de un amplio examen, del cual no sé
si saldrían bien libradas. Da más vergüenza todavía, ver a los actores de la
socialdemocracia haciendo los máximos esfuerzos posibles por parecerse y
expresarse lo más parecido o igual al populismo demagógico de Chávez y secuaces.
La creatividad brilla por su ausencia. La socialdemocracia hace mucho tiempo que se
quedó doctrinariamente estancada, y sigue sin saber leer las expectativas de una buena
parte de la Nación: se requiere un programa político radicalmente distinto al
totalitarismo, a la demagogia, al populismo; distinto a las "justificaciones"
que dan algunos, os cuales (según ellos), como "aman" mucho al
"pueblo", debemos calarnos el despilfarro y el robo de los bienes de la
Nación, la ausencia absoluta de capacidad para manejarlos a favor de toda
la ciudadanía y el apartheid político hacia quienes estamos convencidos
que toda la oferta electoral presente nos sigue llevando por el mismo camino:
el desastre.
hemos caído llevando adelante un giro de ciento ochenta grados, primero, en la
concepción de las instituciones que sustentan el Estado y el gobierno en sus distintos
modelos. Se da por sentado que las "instituciones" del totalitarismo nada tienen
que ofrecer. Por su parte, las instituciones que se generaron a la luz de la evolución
de la socialdemocracia, durante cuarenta años –barridas por estos trece años de
personalismo de viejo cuño-, requerirían también de un amplio examen, del cual no sé
si saldrían bien libradas. Da más vergüenza todavía, ver a los actores de la
socialdemocracia haciendo los máximos esfuerzos posibles por parecerse y
expresarse lo más parecido o igual al populismo demagógico de Chávez y secuaces.
La creatividad brilla por su ausencia. La socialdemocracia hace mucho tiempo que se
quedó doctrinariamente estancada, y sigue sin saber leer las expectativas de una buena
parte de la Nación: se requiere un programa político radicalmente distinto al
totalitarismo, a la demagogia, al populismo; distinto a las "justificaciones"
que dan algunos, os cuales (según ellos), como "aman" mucho al
"pueblo", debemos calarnos el despilfarro y el robo de los bienes de la
Nación, la ausencia absoluta de capacidad para manejarlos a favor de toda
la ciudadanía y el apartheid político hacia quienes estamos convencidos
que toda la oferta electoral presente nos sigue llevando por el mismo camino:
el desastre.
Mientras Chávez y secuaces despliegan todo su arsenal populista imponiendo, por ejemplo, una nueva Ley Orgánica del Trabajo (LOT) que recoge numerosos arcaísmos que propiciará una economía nacional cada vez menos productiva, la oposición socialdemócrata básicamente sigue "embelesada" en los votos obtenidos en las Primarias (12 de febrero), y propone acciones (como "legalizar" las misiones), que solamente refuerzan la noción generalizada de que, entonces, las políticas populistas y demagógicas del régimen son correctas. Su falta de originalidad en la lucha de ideas es brutal.
El desastre será una Venezuela absolutamente incapaz de insertarse exitosamente en un contexto global cambiante y lleno de desafíos, donde resulta proverbial haber adquirido, primero, las mejoras en la capacidad de gobernar.
Así las cosas, el uso final de la renta petrolera a los fines de promover el desarrollo exitoso de la Nación –más allá del gasto corriente y la manipulación populista del reparto-, dependerá de la calidad de las instituciones que logremos generar para que finalmente sea posible sembrar el petróleo en la era de las economías del conocimiento, microelectrónicas y las amenazas de los conflictos de nueva generación.
Con cada vez menos empleos disponibles en las economías desarrolladas y el sub empleo y la mano de obra esclava en economías emergentes como la India, China y Brasil, el empeño venezolano de crear una "economía" de dependientes del Estado y de la renta petrolera luce cada vez más equivocado y nefasto, especialmente para las generaciones más jóvenes y no nacidas, quienes no contarán con ninguna riqueza inicial –ni siquiera el conocimiento-, desde la cual expandir una economía que les permita obtener los bienes, servicios y recursos necesarios para cubrir sus necesidades. En pleno siglo XXI el chavismo y la -mal llamada MUD- siguen anclados pensando que el populismo basado en el rentismo petrolero es un modelo sostenible infinitamente.
¿Cuándo el petróleo deje de ser el energético predominante –lo cual ya tiene un tiempo sustantivo en progreso-, de qué tamaño será la renta petrolera; alcanzará para sostener la satisfacción –precaria además- de las necesidades de una población creciente, alienada hacia el parasitismo y deliberadamente embrutecida por el dogma del rentismo?
La respuesta ya la sabemos sobradamente, pero nos falta la voluntad de cambio radical para que el escenario más oscuro posible no nos alcance como Nación. Algunos se conforman con que Chávez y secuaces abandonen el poder y sean sustituidos por otros precarios; populistas más benévolos. Por pensar de esa manera fue que llegó al poder el totalitarista Hugo Chávez en 1998.
Dr. Alcides Gamardo
@3raalternativa
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