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domingo, 6 de mayo de 2012

EL UNIVERSAL | Share on facebook Share on email Share on favorites compartir | TIEMPO DE PALABRA "La salida de Chávez ha sido progresiva y, probablemente, irreversible" CARLOS BLANCO

                                                           


La silla vacía
Para todo efecto práctico el puesto de presidente de Venezuela está vacío. Hugo Chávez
no ejerce su cargo y no se ha procedido al reemplazo constitucional previsto con el
Vicepresidente. No es lo mismo el desenvolvimiento del liderazgo, el simbolismo de un
caudilloabatido, que el ejercicio de un exigente cargo de dirección administrativa y política
del país.Pensar que dirigir algo es tener capacidad de estampar una firma a control remoto
es de una ingenuidad al borde de la imbecilidad. Hasta un humilde cantinero de, digamos,
Elorza, tiene que verle la cara a la gente, saber quién le debe y quién la paga, debe tener
contacto con suplidores y está obligado a sacar losbalances. El presidente de un país debe
recibir cuentas, visitar poblaciones e instituciones, saber cómo anda el pulso cívico-militar
(o sus taquicardias, si fuere el caso), llevar la sístole de los gastos y la diástole de la botija.
Un presidente no gobierna desde una cama; en Venezuela hay el síndrome de abstinencia
producido por la carencia del ejercicio presidencial.

Los presagios que plantea el eclipse del caudillo son ominosos. Venezuela ha sido
ultrapolarizada por el bochinche bolivariano y la paja seca que recubre el país puede no
soportar incólume un chispazo. La idea que se ha instalado en muchos, según la cual la
revolución (o salir de ella) necesita un bautizo -que ya sería Confirmación- de sangre, es una
aterradora posibilidad que no debe ser asumida como inevitable.

La salida de Chávez de la escena ha sido progresiva y, probablemente, irreversible. Sin hacer
predicciones sobre su vida, lo cierto es que el combate contra el cáncer requiere una
concentración de esfuerzos, de energía existencial y de tiempo, que sacan a Chávez de la
escena. Si es mañana o es pasado, no se sabe -ni siquiera él lo sabe. Lo cierto es que se
difumina su poder.

La ausencia del caudillo tiene repercusiones insospechadas en un régimen personalista. En
más de 13 años hay engranajes, rutinas, maneras, mafias, estilos, que se han constituido.
El centro de todos esos equilibrios ha sido y es Chávez. No sólo en el seno del gobierno, sino
del Estado y, más allá, de buena parte de la sociedad. La salida de este centro de equilibrios
múltiples que ha sido Chávez genera reacomodos que, dejados a su aire, pueden ser violentísimos.
Son los que se pueden generar entre gobierno y oposición, pero también en el seno de cada uno
de los dos bloques.



EL PELIGRO. Venezuela vive un tiempo peligroso. Las separaciones son tan grandes, las rabias
tan intensas, las pérdidas tan dolorosas y el odio tan a flor de piel que están incubadas algunas
de las condiciones para una salida sangrienta. En el seno del régimen se alistan fuerzas
paramilitares para que cuando el día sea llegado den cuenta -así lo pretenden- de los dirigentes
opositores. Aunque del lado opositor no hay poder de fuego hay quienes ven inevitable un desenlace
en el cual los sectores institucionalistas de la FAN van a tener que retomar el control también a
sangre y fuego. Cuando la salida violenta se instala en el alma y en el entendimiento de una porción
importante de los dirigentes la probabilidad de su ocurrencia aumenta.

El deber de quienes saben lo que ha costado -en vidas y bienes- a los pueblos que han jugado con
candela es impedir un desenlace similar. En este momento el chavismo no tiene fuerza para aplastar
a la oposición democrática, menos aún sin la presencia de Chávez. La oposición democrática tampoco
tiene fuerza para aspirar al destierro del chavismo. Esta realidad impone un camino intermedio que
incluye la salida electoral pero también un entendimiento. Hay quienes se alarman cuando se dice
esto, porque -se preguntan- cómo negociar con fulano y mengano que han sido tan horribles.

La verdad es que cuando las cosas llegan al punto en el que están en Venezuela la negociación, las
exploraciones, hay que hacerlas con los que cada bando considera horribles del otro lado. Son esos
los que tienen la sartén por el mango.

EL CONSEJO DE ESTADO. La designación de los integrantes de este órgano, más allá de las
atribuciones constitucionales que a nadie le importan en un país sin Constitución, muestra el
propósito de generar un centro alternativo de equilibrios. No se trata de ninguna junta de gobierno
sino de una instancia moderadora que intenta darle centro o quilla a un barco a la deriva. La mayor
parte de los personajes que están en el Consejo tiene la peculiaridad de tener un pie en la llamada
V República, pero otro, bastante sólido, en la IV República. José Vicente no es íntimo de Chávez y
éste más que respetarlo, le teme. JVR fue uno de los políticos más exitosos del antiguo orden,
amigo personal de Carlos Andrés Pérez, Jaime Lusinchi y Luis Herrera, con una relación cordial
con Rafael Caldera. Ha mantenido reciprocidades con gente de antes y de ahora. Roy Chaderton
fue también personaje consentido en la Cancillería por parte de Caldera, Herrera, CAP y Lusinchi;
después de la revelación que lo convirtió en chavista, amplió su campo de amistades aunque tuvo
pérdidas importantes en sus haberes afectivos; conoce mucha gente y es habilidoso. Germán
Mundaraín fue un profesional exitoso en el viejo sistema, tiene una red amplia de relaciones y es
un funcionario en el cual Chávez confía mucho. Luis Britto García fue uno de los intelectuales
cimeros de la antigüedad clásica y ahora lo es de la aurora boreal bolivariana. Estos cuatro
personajes ejemplifican un tipo de dirigentes que pudieran ser bisagras dentro del chavismo y
también hacia la oposición en caso de ser necesario.

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