6 Mayo, 2012
ND.- El exembajador de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos, Roger Noriega, respondió este domingo a la
advertencia hecha por Fidel Castro quien predice un río de sangre en Venezuela si el gobierno de
Chávez es expulsado del poder por la "oligarquía" o "derrocado" por los Estados Unidos.
opinan los foristas
es sembrar el terror entre sus enemigos", dice.
Para Noriega, Estados Unidos no tiene interés en intervenir en Venezuela y lo demuestra la "política
pasiva del gobierno" de Obama hacia nuestro país. "Sería una sorpresa escuchar que el presidente
Obama está abogando por el derrocamiento de Chávez", dice.
Asegura también que Fidel Castro conoce muy bien que es "prácticamente imposible" una acusación
desde Estados Unidos en contra de un jefe de Estado como Chávez. Y recuerda que "es llamativo"
que se perciba la intención de "identificar y castigar a los capos de la droga en Venezuela" "como
una agresión contra el gobierno en Caracas, ya que es una acusación que hacen los principales
dirigentes del régimen chavista, cuestión que exime de responsabilidad a las políticas de EEUU".
De esas acusaciones, continúa Noriega, "es probable" que surjan acusaciones en contra de "militares
leales a Chávez" como Diosdado Cabello, el general en jefe Henry Rangel Silva, ministro de la Defensa,
y el general de división Cliver Alcalá, comandante de la IV División Blindada del Estado Aragua.
La segunda advertencia de Fidel Castro va dirigida a los opositores, aunque dice Noriega: "Si hay
derramamiento de sangre en Venezuela, no se puede olvidar quién será responsable de instigar la
violencia", "los secuaces de Chávez".
A continuación el artículo de Roger Noriega:
Cuando un matón déspota como Fidel Castro comienza a tener miedo, su instinto de sobrevivencia
es sembrar el terror entre sus enemigos. Hoy en día, mientras su hijo putativo y benefactor de
Venezuela, Hugo Chávez, se está muriendo de cáncer, lo que realmente el dictador cubano teme
es que su régimen está a punto de perder miles de millones de dólares en ayuda y el petróleo. Por
lo tanto, el 27 de abril en un ensayo titulado Lo que Obama sabe, Castro predice que habrá "un río
de sangre en Venezuela" si el gobierno chavista es expulsado del poder por la "oligarquía" o
"derrocado" por Estados Unidos.
Sería una sorpresa escuchar que el presidente Obama está abogando por el derrocamiento de
Chávez. La política pasiva del gobierno de EEUU consiste en mantener relaciones comerciales con
Venezuela y desearle el bien a su gente. Lo que alarmó tanto a Castro es el incremento en los
esfuerzos de resolución de la justicia de EEUU –principalmente por parte de la Drug Enforcement
Administration (DEA) y el Departamento del Tesoro– para lograr que los funcionarios del régimen
de Chávez rindan cuentas sobre su complicidad con el narcotráfico y el terrorismo.
Es llamativo que al tratar de identificar y castigar a los capos de la droga en Venezuela se perciba
esta acción como una agresión contra el gobierno en Caracas, ya que es una acusación que hacen
los principales dirigentes del régimen chavista, cuestión que exime de responsabilidad a las políticas
de EEUU.
La advertencia desesperada de Castro surge de la noticia de que un ex chavista y ex magistrado de
la Corte Suprema de Justicia, Eladio Aponte Aponte, ha buscado refugio en Estados Unidos y está
cooperando con la DEA. De hecho, el liderazgo chavista se encuentra en estado de pánico, porque
saben que Aponte Aponte es sólo el primero de muchos desertores que ayudarán a los fiscales
estadounidenses a exponer una conspiración criminal internacional que implica a Chávez y a su
círculo más cercano. Es probable que las acusaciones que emanen de Estados Unidos minen una
sucesión encabezada por militares leales a Chávez como Diosdado Cabello, presidente de la
Asamblea Nacional; el general en jefe Henry Rangel Silva, ministro de la Defensa, y el general de
división Cliver Alcalá, comandante de la IV División Blindada del Estado Aragua –la unidad de mayor
poder de fuego en Venezuela– quienes fueron recientemente colocados en estos puestos claves a
pesar de sus vínculos con el narcotráfico.
Por obvias razones, un hombre tan corrupto y paranoico como Fidel Castro es un experto sobre el
funcionamiento del sistema judicial de EEUU. Por lo tanto, sabe que una acusación en contra de
Hugo Chávez es prácticamente imposible, debido a su condición de jefe de Estado. Así mismo, los
fiscales federales saben muy bien que acusar a un alto funcionario del gobierno venezolano requiere
la aprobación previa del Departamento de Justicia en Washington. Castro, quien hace 60 años era
conocido por ser un buen pelotero, está lanzando un mensaje directamente a la cabeza de Obama:
apacigüe a sus fiscales, o trate de lidiar con un caos sangriento en las calles de Caracas. Sin duda,
el dictador astuto sabe que la administración de Obama será muy cautelosa en un año electoral. Sin
embargo, la idea de que la Casa Blanca le pidiera al Procurador General, Eric Holder, que intervenga
para salvar a los traficantes de drogas en Caracas es simplemente una locura.
Mi opinión es que Estados Unidos más pronto que tarde presentará acusaciones formales; que los
desertores continuarán saliendo de Venezuela y que los asesinatos de gente involucrada con la mafia
aumentarán para tratar de enterrar cualquier vestigio de sus actos criminales y de corrupción.
La segunda advertencia de Castro está dirigida a los "oligarcas" de la oposición que tienen la intención
de desafiar al chavismo en las elecciones del 7 de octubre, cuando se supone que el sucesor de Chávez
podría ser elegido. El padre putativo cubano de Chávez envió una advertencia, no tan sutil, de que los
opositores democráticos serán identificados como colaboradores de la justicia de EEUU, ahora que
apenas comienza a socavar los cimientos corruptos del régimen. Si ese es el caso, entonces los
chavistas civiles como el canciller Nicolás Maduro, el vicepresidente Elías Jaua, el gobernador Adán
Chávez y José Vicente Rangel, son igualmente cómplices de los actos de los narcogenerales que
financian y defienden la política de Estado ya que los crímenes de la cúpula militar están expuestos,
por lo que los chavistas civiles no tendrán credibilidad alguna.
Tal vez los secuaces de Chávez están contando con los miles de pistoleros cubanos y miembros de
las milicias venezolanas que están armados hasta los dientes con armas rusas. Por lo tanto, si hay
derramamiento de sangre en Venezuela, no se puede olvidar quién será responsable de instigar la
violencia. Sin embargo, si la violencia quiere contenerse, la oposición tendrá que ser muy hábil y se
requerirá mucho coraje por parte de la gran mayoría de militares que son leales a la Constitución y
que podrían evitar un derramamiento de sangre.
Sólo alguien como Fidel Castro podría considerar que la represión sangrienta del pueblo a favor de la
causa de los narcotraficantes es un acto de nobleza. Su esperanza demente es que una amenaza
tan terrible impedirá que los líderes latinoamericanos, a los que conoce muy bien, y al presidente
Obama, a quien conoce muy poco, hagan lo que es correcto ahora que el narcoestado venezolano
está siendo desenmascarado.
Investigador visitante en el American Enterprise Institute y director ejecutivo de Vision Americas
LLC. Ex embajador ante la OEA y ex subsecretario de Estado.
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