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miércoles, 18 de julio de 2012

Venezolanos en las azoteas - Fausto Masó - El Nacional

Una cosa es robar los fondos a un país y  otra es SAQUEARLO HASTA EL HUESO 
         para entregar los  bienes a otros  países con el engaño de una revolución que  ha 
producido mas  asesinatos, injusticia y creado miserables y empobrecidos a la  mayoría. 
     
 
       VENEZOLANOS EN  LAS AZOTEAS

    
Las encuestas no miden los movimientos  subterráneos de la opinión, el entusiasmo que se vio en Tucacas era  el mismo con el cual en ese lugar recibieron a Chávez en 1998,  cuando prometía freír en aceite a los adecos y copeyanos.
Hace  bien en multiplicar las cadenas Chávez, no le queda otra. Cada día  Capriles cree más en sí mismo, y a Chávez le ocurre lo contrario, en  el bunker en que se ha convertido Miraflores.

Fausto  Masó 
El  Nacional 
Venezolanos en las  azoteas

La verdad de la frase famosa de Mao  Tse-tung sobre la chispa que incendiará la pradera se comprueba en  las grandes campañas electorales, esas que nacen del entusiasmo  popular, y que ahora se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando toda  la población de Tucacas, incluidos los chavistas, acuden a un acto  de Capriles Radonski.
En la localidad costera la gente se  encaramaba en lugares insólitos para ver al candidato; igual sucede  en pueblo tras pueblo, ciudad tras ciudad.

Eso se llama entusiasmo, algo intangible que no mide  una encuesta. Los electores que rechazan confesar sus simpatías por  teléfono a los encuestadores, en el país de la lista Tascón, y  prefieren definirse como indecisos, acuden en masa a escuchar al  candidato de la MUD que, como Pérez I y Chávez I, ha crecido  políticamente, desarrollado un estilo personal, le ha cogido el  gusto al baño de multitudes, lo emociona el fervor popular, ha  aprendido a comunicarse con los venezolanos humildes, con aquellos  que decidirán las elecciones. Lugares como Tucacas o la parte alta  de Catia dirán quién será el ganador en octubre.

Cuando a Carlos Andrés Pérez I lo escogieron como  candidato muchos recordaban que lo llamaban el ministro  policía.
Pérez mostraba su energía saltando charcos, presidiendo  largas caminatas. Otro caso más reciente es el del propio Hugo  Chávez, que inicialmente rondaba como alma en pena por el país, no  llegaba siquiera a 10% en algunos meses de 1998, hasta que se viró  la tortilla y reventó el fervor popular. En ambas campañas, Pérez y  Chávez, después de recorrer el país, casa por casa, generaron un  entusiasmo incontenible que no se reflejaba inicialmente en las  encuestas. Capriles arrancó desde un piso mejor que Pérez y Chávez:  los 3 millones de venezolanos que votaron en las primarias. No tiene  tampoco acceso a los medios, como le ocurrió inicialmente al propio  Chávez en 1998. A su favor cuenta con la enfermedad terminal de  Chávez, que no le permite salir de Miraflores y contrarrestar la  presencia viva de Capriles por el país.

Capriles se está  convirtiendo en un fenómeno electoral como lo fueron Chávez y Carlos  Andrés Pérez, con una ventaja adicional: enfrenta a un candidato que  supone que socialismo y comunismo son ideales populares, y que por  televisión imparte lecciones de ideología, sin tomar en cuenta el  mundo real. Habla de revolución mientras en Trujillo los propios  chavistas protestan en la calle, explica lo que es la plusvalía pero  falla la electricidad. Hoy las que se roban la plusvalía del sueldo  del trabajador son las empresas estatizadas.

A este cronista, nada imparcial, le parece evidente  que esta chispa está incendiando la pradera. Chávez libra su última  batalla con la determinación y la fiereza de siempre. Ni siquiera en  condiciones tan adversas se rinde, sólo que los viejos trucos  reciclados en nuevas misiones ya no funcionan.

Las encuestas  no miden los movimientos subterráneos de la opinión, el entusiasmo  que se vio en Tucacas era el mismo con el cual en ese lugar  recibieron a Chávez en 1998, cuando prometía freír en aceite a los  adecos y copeyanos.

Hace bien en multiplicar las cadenas Chávez, no le  queda otra. Cada día Capriles cree más en sí mismo, y a Chávez le  ocurre lo contrario, en el bunker en que se ha convertido  Miraflores.

Enviado desde mi BlackBerry de Movistar

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