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domingo, 5 de mayo de 2013

LAS VERDADES DE MIGUEL - Rafael Poleo / El Péndulo – La emboscada

La emboscada a los diputados de la Oposición en plena cámara, daño fatal para un régimen en procura de legitimación, tiene como personaje central a Diosdado Cabello, quien debe una explicación tanto a su camarada Nicolás Maduro como a los ciudadanos no oficialistas que le veían como un punto de sensatez en medio del caos.

Para la revolución arbitrariamente llamada bolivariana, la tarde del martes 30 de mayo de 2013 fue el momento más aciago desde que el 11 de abril de 2002 Hugo Chávez apareció por televisión en paños menores preguntando por sus pastillas homeopáticas. Esa tarde del martes se patentizó la incapacidad de los dirigentes del régimen para manejar la crisis que habrá de liquidarlos.

La emboscada a los diputados de la Oposición fue una explosión visual que destruyó la base de credibilidad y respetabilidad que a los ojos de la humanidad civilizada pudo dejarle a sus herederos la figura mitificada de Hugo Chávez. No sólo para quienes per se disienten de lo que el chavismo representa, sino hasta para segmentos como la izquierda intelectual europea que disfruta acreditando ese tipo de movimientos, los chavistas pasan a ser unos matones que golpean mujeres, vergüenza de la izquierda mundial a quienes hay que sacar del poder por razones de decoro político y respeto a Carlos Marx.

La gravedad del daño se potencia porque se produce cuando la humanidad maneja dudas sobre un fraude electoral en las elecciones presidenciales venezolanas. No es fácil para el mundo civilizado entender situaciones tan anómalas como la de un árbitro electoral en suyo seno la oposición no está representada y otros temas que los venezolanos hemos llegado a considerar parte de la vida. La pateadura parlamentaria del 30 de abril les ha abierto los ojos. Para la gente normal alrededor del planeta, quienes prepararon y ejecutaron esa emboscada son capaces de robarse no digo unas elecciones.

Lo más grave es que hubo eso: una emboscada. Mientras los diputados de la oposición ocupaban sus sillas curules a partir de las 3 de la tarde, la bancada oficialista en la Asamblea se reunió a puertas cerradas para preparar la agresión. Cuando a la 5 de la tarde, con extraño retraso, entraron al hemiciclo los diputados del Gobierno, en la tribuna destinada a personas acreditadas se instalaron guardaespaldas que el presupuesto nacional paga a los parlamentarios del oficialismo, matones profesionales entrenados en Cuba que en su momento bajarían a respaldar la operación. Las puertas se cerraron para impedir que las víctimas pudieran escapar. La televisora de la Asamblea Nacional, supuesta a grabar y trasmitir las sesiones, enfocó sus cámaras hacia el techo –esto puede verse en las grabaciones tomadas por terceras personas. Como la represión es contra la monstruosa decisión de negar el derecho de palabra a los diputados de la Oposición que insistan en objetar las elecciones, cada uno de estos representantes ciudadanos tuvo asignada su escuadra de matones. Fue así como Julio Borges y María Corina Machado sufrieron las consecuencias de estar entre los más conspicuos voceros que "la otra mitad" de los venezolanos tiene en ese estrafalario Congreso –suerte igual había corrido días antes el diputado William Dávila.

Nicolás Maduro comprendió inmediatamente la profundidad de la herida. Justo cuando está tratando de convencer al mudo de que él es un político civilizado y honorable, incapaz de robarse unas elecciones, la dirigencia parlamentaria de su partido se muestra como una banda de salvajes facinerosos capaz de cualquier desafuero. Sería el hilo directo con La Habana o su propio y natural sentido común lo que provocó la reacción del presidente en entredicho. El caso es que echó mano del único recurso que el poder le ofrecía. Condenó la radio y la televisión en una pesada, interminable cadena que por horas se ocupó de trivialidades donde a ratos transparentaba su consternación por lo que estaba pasando en el Capitolio – buen cuidado tuvo de advertir que mientras Cabello dirigía la pateadura, él asistía a una inocente función de circo. Nunca en sus pálidas presentaciones el señor Maduro ha hablado tanto de paz y vida familiar como en esas horas agónicas en que trató de diferenciar su persona y su conducta de la persona y la conducta encargada del Poder Legislativo.

Hasta aquí la parte ética, moral y penal de este revelador episodio en la vida de un país que Chávez conquistó cuando estaba en el Tercer Mundo y ya va rumbo al Quinto. Ahora viene la parte escabrosa, la política, que no puede plantearse sino a partir de la pregunta que se impone por su propio peso: ¿Por qué Diosdado Cabello, dueño y señor de una Asamblea Nacional donde sin su autorización no se mueve un lápiz, ordenó esta operación de tan perjudiciales, quizás fatales consecuencias para su camarada Nicolás Maduro?

La imagen de los matones del Gobierno machacando a los diputados de la oposición se ha sembrado en la retina de la opinión mundial como una prueba de que esos salvajes son capaces de robarse no digo unas elecciones. En adelante, sobre el Gobierno de Maduro todo lo peor será creído.

No hace falta recordar que Cabello es el adversario natural de Maduro en la lucha por el poder. Lo es más que cualquier candidato opositor, porque Cabello puede alcanzar su objetivo sin necesidad de elecciones. Aun considerando este hecho, su conducta es difícil de explicar. Ya lo era su anti-constitucional, realmente insólita, decisión de negar el derecho de palabra a parlamentarios de elección popular que no se ajustaran a un dictado suyo. Ese exabrupto hizo que mucha gente de peso revisara la opinión favorable que se había formado sobre el militar tecnócrata. Pero la emboscada bien planeada y organizada en sus oficinas, de la cual no se puede encontrar otro responsable, obliga a mucho más que una revisión. Como hay testimonios serios sobre su inteligencia y buen criterio, cabe hasta preguntarse si el diputado Cabello, bajo las presiones que sobre él se han ejercido y se están ejerciendo desde Cuba y a través de Miraflores, está sufriendo un eclipse de la razón.

La única y no desdeñable explicación que puede darse a la actuación de Cabello es que ha perdido el control sobre la Asamblea Nacional y el PSUV como Maduro lo ha perdido sobre el país. Que los diputados oficialistas hicieron lo que hicieron a pesar de que él trató de disuadirlos. Que no ha podido dirigir la horda. Hay que recordar que hace unos días Cabello comentó algo en ese sentido, echando de menos a Chávez como el único buey madrinero que podía conducir una manada de bisontes. Me gustaría pensar que es así, a mí que no soy ni cazador de brujas ni fanático maniqueo.

Ah… Y dicho sea claramente: este régimen está condenado. Si ensabanan los bisontes, puede que el tránsito sea incruento.








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